Aún no entendía a dónde quería llegar con todo esto, pero seguí escuchándolo, sin perder detalle. —Realmente soy un hombre dominante, y siempre he tenido el deseo de someter a una mujer a mí, que dependa de mí, que sea solo para mí. Por eso me dediqué a buscar a la mujer indicada para ese papel —su voz rozó mi cuello desde atrás, haciéndome estremecer. Me aparté de inmediato, abrazándome a mí misma. —¿Y por qué yo? —pregunté, tratando de que mi voz sonara firme. Una risa ronca escapó de su garganta. —Creo que la pregunta ofende —respondió, acercándose de nuevo—. Sé que no eres tonta, también lo sentiste en la subasta. He visto cómo reacciona tu cuerpo en mi presencia. Negué repetidamente con la cabeza, intentando ignorar sus palabras. —Sabes muy bien que nos gustamos desde que nos vim

