bc

Demasiado Perfecta

book_age18+
433
SEGUIR
11.1K
LEER
love-triangle
de amigos a amantes
arrogante
drama
bxg
ciudad
like
intro-logo
Descripción

La cena de aniversario que con tanto esmero Adriana Valdelomar preparó, tomó un giro inesperado cuando Javier le confesó haberse enamorado de alguien más.

Durante dos años, Adriana se había entregado en cuerpo y alma a Javier y sus hijos, y ahora todo había acabado.

De la noche a la mañana, Adriana se encontró sin pareja, sin hogar, sin trabajo. Con el corazón herido, debe empezar de nuevo. Y fue esa jugada del destino la que la lleva hasta la puerta de Salvador Almonte, un hombre frío y solitario, al que solo le importa su trabajo y dar a su madre unos últimos pacíficos días y que, poco a poco, le ayudará a renovarse, a vencer sus miedos y reconocer sus más oscuros deseos.

chap-preview
Vista previa gratis
1.
Adriana tomó la bolsa de la cajuela del auto y la apoyó en su cadera, rodeándola con un brazo, mientras tomaba las otras dos – un poco más livianas – con la otra mano. Con algo de dificultad, oprimió el botón para cerrar la cajuela. El pitido de la alarma resonó en los muros del garaje y se dirigió al interior de la casa. - ¡Chicos! ¡Ya regresé! – llamó mientras avanzaba por el pasillo, una sonrisa en los labios. Estaba segura de que, en un instante escucharía los rápidos y ligeros pasos de sus pequeños Esteban y Mariana. Entró a la cocina. Una mujer de cabello entrecano y figura robusta, se secó de inmediato las manos y fue hacia ella. - ¡Señora Adriana! ¿Por qué no me avisó? – tomó dos de las bolsas y las dejó sobre la encimera de la cocina. - No era para tanto, Tatiana – respondió con un gesto tranquilizador. Miró a su alrededor. La casa estaba excesivamente silenciosa - ¿Y los niños? – - El señor Javier y los niños salieron muy temprano – respondió la mujer volviendo a su sitio frente al fregadero, donde acababa de lavar unos recipientes. ¿Javier no había ido a trabajar? Se preguntó extrañada. Era inusual que él se tomara el día libre y más aún, que no le hubiese dicho nada. No había pasado la noche en casa. Una vez al mes cenaba con sus padres y en esta ocasión se les había unido sus tíos y la velada se había extendido, así que había pasado la noche en su habitación de infancia. Javier no la había acompañado con el pretexto de que tenía mucho trabajo. Y aunque no negaba que le pesaba la ausencia de su pareja en esas reuniones familiares, lo cierto es que no lo culpaba: su empresa estaba en un momento de gran crecimiento y múltiples proyectos requerían de su atención. - El señor me dijo que no me preocupara por la cena – la voz de Tatiana la trajo de vuelta a la realidad – Pero si desea que prepare algo… - ¡Oh! No es necesario – sonrió y señaló las bolsas – En realidad tengo planes para esta noche, así que no te preocupes – - Como usted diga, señora Adriana – la mujer asintió y se secó las manos – Entonces me retiro – - Gracias por todo, Tatiana – Mientras la mujer se preparaba para partir,Adriana se encargó de vaciar el contenido de las bolsas. Guardó en la nevera lo que no necesitaría en el momento y comenzó a ordenar todo sobre la encimera. - Buenas noches, señora – dijo Tatiana desde el pasillo. - ¡Buenas noches! Nos vemos el jueves – respondió sin mirarla. Escuchó la puerta cerrarse y luego el bip del portón exterior. El silencio en la casa era absoluto, pero no le molestaba. Al contrario, disfrutaba del silencio. Le permitía concentrarse y llevar adelante sus planes. La noche anterior, en medio de las charlas y anécdotas de sus tíos, fue dando forma a esta idea de preparar una cena especial para Javier. No recordaba la última vez que tuvieron una cena especial. Un tiempo para compartir a solas. Las cosas estaban bien entre ellos, pero Javier trabajaba todo el tiempo y ella pasaba dedicada a los niños y las pocas horas de esparcimiento siempre se disfrutaban en familia. Sin duda, ya era hora que sacaran un poco de tiempo para sí mismos y posiblemente Javier no lo recordaría, pero ese día era su segundo aniversario. ¿Qué mejor ocasión que esa para una linda y romántica cena? Sumida en sus dulces pensamientos, preparó un delicioso platillo y sonrió satisfecha al deslizar la bandeja sobre la rejilla del horno. Cerró la puerta, observando por un instante la preparación. Se incorporó y exhaló un suspiro. Paseó la mirada por la cocina y se sorprendió al ver la hora. ¿Dónde estarían Javier y los niños? Bien, aprovecharía esos minutos para darse un baño y aguardar por ellos. Posiblemente no tardarían mucho más en regresar a casa. -0- En cuanto escuchó el sonido metálico del portón al moverse, dio un salto en su sitio. Era tarde. Cuando salían con los niños procuraban volver a casa antes del anochecer y ellos tenían una rutina muy establecida. Debían estar en la cama desde hacía horas. - ¡Nana! – exclamó Esteban mientras corría por el pasillo. Por un instante, no lo reconoció. El cabello alborotado caía sobre su frente, la ropa arrugada y llena de polvo, al igual que sus rodillas y el resto de las piernas. El pequeño se abrazó a sus piernas y levantó la cabeza, una gran sonrisa en sus labios. - ¡Papá nos llevó de paseo! – exclamó lleno de entusiasmo, mientras Adriana trataba de peinar un poco su fino cabello castaño oscuro - ¡Su amiga Mónica tiene una finca muy grande! ¡Nos dejó montar en los caballos y corrimos mucho! – - ¿Amiga? – Con el rabillo del ojo, distinguió la figura alta de Javier. Cargaba a una somnolienta Mariana, sus largas trenzas deshechas, sus mejillas sonrosadas. - Hola, linda – fue a su encuentro y acarició la mejilla de la niña - ¿Te divertiste con papá? – La niña asintió y Adriana alzó la mirada para encontrarse con los ojos oscuros de Javier. - No comentaste nada – susurró. No quería que pareciera un reproche, pero él no era el tipo de hombre que se tomaba un día entre semana para llevar a sus hijos de paseo. - Fue algo que surgió – respondió él, desviando la mirada – Llevaré a los niños a tomar un baño y a la cama. Están exhaustos – Ella asintió y se hizo a un lado. - Buenas noches, niños – - Buenas noches, Nana – respondieron ambos al tiempo. - La cena está lista – dijo, aunque Javier ya se había alejado unos pasos. Él giró levemente el rostro. - Ya cenamos – Se mantuvo inmóvil, observando como padre e hijos desaparecían en la escalera que llevaba al segundo piso. Luego de un instante, volvió a la cocina, apagó la estufa y sirvió un par de platillos con una pequeña porción de lo que había preparado. Tal vez, a pesar de haber cenado, una vez que ella le recordara de qué fecha se trataba, querría tomar un bocado y compartir una copa de vino. No alcanzaba a escuchar más que esporádicos sonidos apagados, así que luego de servir los platos, abrió la botella y se sirvió una copa. Tomó un pequeño sorbo, saboreando las notas frutales y ligeramente ácidas del vino. Dejó que se deslizara por su garganta y le diera algo de calor. Finalmente lo escuchó bajar las escaleras y se volteó a mirarlo. - ¿Por qué no te sientas un momento? – dijo con una sonrisa, al ver que Javier permanecía inmóvil en la entrada de la puerta. - Solo quería un poco de agua… - respondió dando unos pasos hacia ella. - Ven, cuéntame a dónde fueron – hizo un gesto para que ocupara la silla frente a ella – Esteban se escuchaba muy entusiasmado. Habló de caballos – Javier se detuvo junto a la mesa, observó los platos, las copas y exhalando un suspiro, tomó asiento. Adriana llenó su copa y aguardó que hablara, pero él parecía no tener intenciones de decir palabra. - Cuando decidiste pasar la noche donde tus padres – dijo al fin, midiendo cada palabra y haciendo que el líquido carmesí girara en la copa – decidí quedarme en casa y trabajar desde aquí. Así pasaría algo de tiempo con los niños – La joven asintió, invitándolo a continuar. Javier alzó un momento la mirada, sus ojos encontrándose, pero la apartó rápidamente. - Y de pronto decidiste ir a esta finca de… ¿tu amiga? – preguntó Adriana con tono casual, antes de tomar otro poco de vino. El rostro de Javier se tensó. Se irguió en la silla, la espalda apoyada en el respaldar y también bebió antes de responder. - Sí, ella… su familia tiene una finca en las afueras, con muchos animales. Pensó que a los niños les agradaría visitarla… - - ¿Un martes? – El hombre se encogió de hombros. - Tenía unos asuntos que atender allí y pensó en nosotros – Adriana asintió lentamente. Ella no solía ser desconfiada ni celosa, pero algo en la actitud de Javier comenzaba a incomodarla. - ¿Trabaja en la empresa? No recuerdo que la mencionaras antes – El silencio se extendió por un momento que parecía demasiado largo, pero ella simplemente aguardó. - La conocí hace algunas semanas atrás. Había salido a almorzar con Reinaldo para discutir sobre una nueva propiedad que queremos comprar y… ella es una vieja conocida suya. Nos encontramos por casualidad. Reinaldo nos presentó y… Nuevo silencio. Adriana analizó cuidadosamente el rostro de Javier. La tensión había dado paso a algo más. Tenía una expresión que no sabía definir. El hombre se frotó el rostro, exhaló un suspiro y se irguió de nuevo. Apoyó los brazos en la mesa y dijo: - Mira, lo siento, Adriana. No sabía cómo decírtelo. He estado viendo a Mónica desde entonces. Ella es increíble… es hermosa, alegre, tan vivaz… Ella… ella me hace sentir diferente… Me hace reír, nos divertimos tanto cuando estamos juntos… Lo cierto es que estoy loco por ella… Adriana sintió como poco a poco todo su cuerpo se congelaba. Era como si sus músculos se volvieran de piedra y su corazón cada vez latiera más lento. Tenía la mirada fija en Javier, veía cómo sus labios se movían, pero no estaba segura de entender sus palabras. - Pero dijiste que solo la conociste unas semanas atrás…– su voz era gutural y apenas audible. - Lo sé, lo sé. Es una locura, pero es lo que siento. No pensé en presentarle a los niños tan pronto, pero surgió la oportunidad y quise saber… necesitaba asegurarme que ellos pudieran llevarse bien. Lo siento… de verdad lo siento… - miró el platillo frente a sí – Lamento que te tomaras tantas molestias para preparar esta cena y tal vez esta no era la mejor manera de decirte la verdad, pero… creo que lo mejor es ser honesto… Se puso de pie y luego de lanzarla una mirada algo nerviosa y lastimera, dejó la cocina. - Javier – La voz de Adriana, grave y tensa, le hizo detenerse. Sin embargo, no se atrevió a voltearse. - ¿Sabes por qué preparé esta cena? – No respondió. - Es nuestro aniversario – dijo ella – Tenemos dos años juntos… He estado a tu lado dos años… - Lo siento – se volteó lentamente – Has sido maravillosa… conmigo y con los niños… Has sido una gran compañera durante todo este tiempo, te lo digo sinceramente, pero Mónica… Ella me hace ver el mundo de una forma diferente. Ella me da vida, Adriana. Me hace sentir vivo… Esas palabras, ahogadas y llenas de intensidad fueron como una daga que se clavó en su pecho, pero no lo mostró en su rostro. - Dormiré en la habitación de huéspedes – agregó Javier antes de salir de la cocina.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Los Trillizos del Ceo

read
22.0K
bc

Amor a la medida

read
115.8K
bc

Querida Esposa, eres mía

read
90.4K
bc

La Esposa Exiliada

read
99.6K
bc

No soy un contrato.

read
254.7K
bc

Mi Deuda con el Mafioso

read
11.5K
bc

Belial

read
19.6K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook