
⚠️ ADVERTENCIA ⚠️
Esta historia posee contenido sensible, abordando los siguientes temas: alcohol, drogas, violencia de todo tipo, suicidio, mutilación, etc. Queda bajo su responsabilidad y riesgo si quiere seguir con la lectura.
Dicho esto…
¡Buen viaje!
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“Kiara” → Salgo en disparada del castillo, huyendo de los guardias. En veinte minutos aparco la moto en el parking del edificio donde vive Matteo. Bajo y me dirijo hacia el ascensor. Presiono el botón del penthouse y de repente me pongo nerviosa.
Nunca me había sentido así antes, excepto el día que iba a matar a Vincenzo, pero de todos modos es un tipo diferente de nerviosismo. Me invade una sensación extraña, como si tuviera un mal presentimiento. Sacudo la cabeza de un lado a otro. Puedo cuidar de mí misma, así que no hay nada que temer. Además, estoy segura de que Don no está muy lejos.
A medida que me acerco a mi destino, la extraña sensación se intensifica. Siento miedo de algo, pero... ¿de qué exactamente? En mi fuero interno siento la sensación de que no encontraré a Matteo solo. Sacudo la cabeza de un lado a otro e intento mantener la calma y no pensar demasiado en ello. Mi móvil suena en el bolsillo de mi chaqueta, pero decido ignorarlo. Por una vez que no conteste no pasará nada (espero).
Tan pronto como se abren las puertas del ascensor en el penthouse de Matteo, doy un paso adelante y me congelo. Un escalofrío de conocimiento e incredulidad se apodera de mi cuerpo. Y entonces mis nervios y sospechas no estaban del todo descabelladas, al final de cuentas...
Matteo y Alessa.
Se están besando en medio de la sala. Parece que ninguno de los dos se ha dado cuenta de que alguien llegó. Siento que mi corazón se acelera al punto de la taquicardia y respiro profundamente para calmarme y mantener mi típica máscara de mujer fría y sin sentimientos.
Un dolor profundo me arde en el pecho y cierro los ojos un breve instante para evitar caer en las lágrimas. Lágrimas que pugnan por salir por la rabia, por sentirme idiota, por haber entregado mi confianza a quien planeó mi muerte desde el principio. Reprimo todo esto que siento y tenso la mandíbula con tanta fuerza, que siento el sabor metálico de la sangre en mi boca.
Una furia devastadora amenaza con estallar en mí porque creí las palabras de un hombre al que nunca debí permitir entrar en mi corazón y en mi mente.
Su beso se detiene. Matteo está de espaldas a mí. Alessa sonríe, sus ojos brillan cuando de pronto caen sobre mí y su expresión cambia, dando lugar al pánico y al miedo. Intento mantener la calma y la serenidad, cuando en mi interior hay un volcán a punto de estallar en erupción. Siento la sangre hervir en mis venas como lava ardiente capaz de destruir todo a su paso, pero mantengo mi máscara inquebrantable.
Los ojos de Alessa se abren de par en par y puedo ver que tiembla ante mi mirada inyectada de odio y su rostro queda blanco como el papel. Matteo frunce el ceño y se da vuelta. Su rostro se pone pálido y se congela. Estoy segura que acaba de dejar de respirar.
─ Mira nada más lo que tenemos aquí. ─ Sonrío de forma diabólica, con mis ojos encendidos con una llama de fuego violento. ─ Tenía un presentimiento, ¿saben? ─ Camino tranquilamente hasta el estante de bebidas y me sirvo un buen y cargado vaso de coñac. ─ Entonces decidí venir y comprobar por mí misma qué me avisaba mi sexto sentido. ─ Volteo el vaso y bebo el líquido de un solo trago.
─ Kiara... ─ Matteo da un paso adelante.
─ No te di permiso para hablar. ─ Lo interrumpo con la voz peligrosamente tranquila. ─ Todas esas patéticas palabras… ¿Fue Alessa quien te enseñó a hablar así? ─ Sonrío sin una pisca de emoción.
─ Jefe, yo…
─ Cierra la boca, Alessa. No autoricé a ninguno de ustedes dos para hablar. ─ Alessa se estremece, haciéndome sonreír satisfecha. ─ Me encanta ver que tiemblan de miedo ante la Dama de la Muerte. ─ Suelto una carcajada oscura y escalofriante.
─ Kiara, per favore…
─ ¡Capo! ─ Vocifero interrumpiendolo nuevamente.─ Hasta el día de la boda me llamarás Capo, como todos los miembros de la famiglia. ─ Matteo tensa la mandíbula y cierra los puños con fuerza. ─ ¿Va bene, querido prometido?
─ Va bene. ─ Gruñe en murmurios.
─ Okay. ─ Camino en dirección al ascensor. ─ Una última advertencia. Una vez que estemos casados, si esto vuelve a suceder, Matteo, considérate muerto. Lo mismo va para ti, Alessa. Por ahora lo dejaré pasar. Después de todo, el matrimonio no pasa de un simple negocio. Pero espero que sepan que la próxima vez no seré tan benevolente. Tienen suerte de que no los maté aquí y ahora. Tengo otros planes en mente...
─ ¡Déjame explicarte! ─ Matteo corre hacia mí, pero no permito que dé otro paso. Saco una navaja escondida en la manga de mi chaqueta y la lanzo en un movimiento casi imperceptible y a una velocidad vertiginosa, golpeando a Matteo en el hombro, quien da un paso atrás, completamente aturdido por la sorpresa.
─ Agradece que solo fuera mi navaja pequeña. Quedan advertidos.

