Cuando Leila Uley se marchó de la Reserva al presentarse la oportunidad de hacer un
intercambio con Argentina, país que siempre quiso conocer, confió la protección de la
Reserva a su hermano mayor Sam, quien se había transformado recientemente.
Ahora, dos años después, tras haber terminado el instituto, decidió volver a su hogar, donde
la esperan su familia y amigos, pero sobre todo, Paul Lahote, su novio, o ex novio, no está
segura, pues en su último día en la Reserva ambos se dijeron cosas hirientes y no tuvieron
ocasión de arreglarlo. Poco después se enteró por su hermano que Paul se había
transformado, lo que explicaba que estuviese tan molesto ese día.
*
Leila sonríe inspirando el limpio aroma de la Reserva, feliz de regresar a su hogar.
- ¡Leila! -. Oye que la llaman, a lo lejos puede verse un grupo de grandes chicos morenos,
sin camisa y con anchas y blancas sonrisas en sus rostros, acercándose a ella.
- ¡Chicos! -. Exclama soltando sus cosas corriendo a los brazos de su hermano quien la
recibe con gusto, una vez separada de él pasa por los brazos de todos los chicos, hasta que
se detiene en Paul, quien no tiene el valor para mirarla a los ojos.
- ¿Cómo has estado? -. Cuestiona Jared rompiendo el tenso momento.
- Genial-. Contesta volteando a verlo-. Aprobé todas las materias, gané el premio al mejor
promedio e hice muchos amigos geniales-. La sonrisa en su cara era enorme y los chicos
no pudieron evitar notarlo.
- Y...-. Empieza Quil-. ¿Hubo algún chico por allí?-. Comentó con picardía, sonriendo
internamente al notar a Paul tensarse.
- Claro que no-. Dijo ofendida-. Sabéis que solo tengo ojos para un gran idiota que no se
dignó a verme a la cara-. Mandó una mirada fulminante a Paul, que la ignoró intentando
disimular una sonrisa orgullosa.
- Bueno-. Alargó la "e"-. Vamos que quiero ver a Emi. Por cierto, ¿dónde están Leah y
Seth?-. Cuestionó saltando a la espalda de Jacob una vez que comenzaron a caminar hacia
la casa de su hermano.
- Están de guardia-. Respondió su hermano tranquilamente.
*
Paul no daba más. Había estado toda la semana intentando acercarse a Leila para hablar y
resolver las cosas, lo cual no había podido hacer, pues si no estaba con Emily o Leah,
estaba con los chicos. Celoso e irritado por verla reírse de algo dicho por Embry, se levanta
de la mesa donde todos están comiendo, se acerca a ella y tras colocarla sobre su hombro
se dirige al bosque, ignorando los gritos de todos.
- ¡Paul! -. Exclama la chica luego que la deja en el suelo y le da la espalda-. ¿Puedes
decirme que diablos fue eso?
- ¡Pues que estoy harto! ¡Llevo toda la semana tratando de hablar contigo, para disculparme
por ser un idiota el día que te fuiste y no puedo! -. Voltea hacia ella con la mirada en el piso-.
Te eché tanto de menos estos dos años, imaginando todo lo que pudimos hacer ese último
día, deseando llamarte cada noche para hablar contigo, con miedo que encontraras a
alguien más, que te dieras cuenta que...te mereces muchos más que esto-. Se señala con
un gesto despectivo.
- Paul-. Lo llama suavemente, coloca ambas manos en sus mejillas levantando su rostro,
pero sin verse a los ojos ya que él los tiene cerrados-. Eres todo lo que quiero, siempre lo
has sido. Te amo desde que me defendiste de Zack Smith a los seis años, cuando rompió
mi muñeca favorita-. Ambos sueltan una risita-. Jamás vuelvas a decir que no eres
suficiente para mi, ni para nadie. Te amo.
- ¿Eso significa que eres mi chica de nuevo?-. Cuestiona con voz infantil levantando la
mirada a sus ojos, entonces sucede, las palabras de Sam cuando le explicó la imprimación
cobran sentido. La encontró, su alma gemela, quien fue hecha para él así como él fue
hecho para ella.
Sale de su estupor al sentir unos labios sobre los suyos, su impronta, su Leila, lo está
besando como si fuera la primera vez. Es un beso cargado de amor. Coloca sus manos en
su cintura acercándola a su cuerpo, profundizando el beso, se separan por falta de aire.
- Sí, Paul, soy tu chica, y tú-, pone un dedo en su fuerte pecho-, eres mi chico-. Una sonrisa
invade su rostro al oírla.
- Por cierto, Lei-. Empieza a hablar en el camino de regreso, la chica hace un sonido,
invitándolo a continuar-. Me he imprimado en ti.
Ninguno dice nada más, pero no hace falta, ambos saben con ver el rostro del otro que
están encantados con la idea de estar juntos toda la vida.
*
Un coro de aullidos se oye en cuanto traspasan la puerta del hogar de los Uley cogidos de
la mano.
- Ya era hora-. Bufa Sam, pero una sonrisa se asoma en su rostro.