CAPÍTULO 4

2143 Palabras
POV Marco Bowen Resultó que la tipa osada era la jefa del lugar. No lo podía creer, ahora tenía sentido: a mal dueño, mala atención. Después de bañarme, insultarme y humillarme iba a conocer el poder de Marco, sin embargo, Carlos con Víctor me cogieron fuertemente del brazo y susurrándome que me comportara me sacaron a rastra del lugar. Ellos me controlaron diciéndome de que alguno podría tomarme una foto o hacerme algún video. Definitivamente no podía permitir algo así, mi rostro rodaría por todo el país y sería un gran problema cuando ya estaba casi cerca de entrar a los negocios de la empresa. Me desprendí de ellos acomodando mi chaqueta y dijeron que iríamos a otro lado. Yo ya me sentía de mal humor, no quería ir a ningún lado más que a mi departamento, no obstante, cuando estaba a punto de arrancar el auto, Bruno se asomó a mi ventana haciendo que me detenga en seco. Me rogó por comprensión, me sometió a su larga palabrería para sentir pena por su estado emocional, así que en lo antes esperado ya me había convencido para seguir la noche junto a ellos a una discoteca en el boulevard. Al llegar, nos fuimos a un espacio VIP, claramente. Estuvimos entre hombres hasta que se acoplaron unas chicas muy hermosas, luego de ello no podíamos dejar de disfrutar la noche mientras bailábamos y bebíamos desenfrenadamente junto a ellas. Me sentía ebrio y divertirme era mi principal objetivo en ese momento. "Hoy disfruto una noche de lujuria", me dije a mí mismo, observando las opciones que se encontraban a mi alrededor. Rubias, morenas, pelirrojas, altas, bajas... todas eran apetecibles. Había en nuestro grupo una chica en especial de vestido n***o y cabello suelto, ondeado, que llamaba mi atención. Me le acerqué y comenzamos a coquetear muy a gusto. Bailes, roces de nuestros cuerpos me hacían disfrutar cada momento con ella. Luego de tanto baile decidí sentarme en el mueble, ella me siguió y se sentó entre mis piernas. Me dio un beso y yo se lo seguí, el ambiente se estaba volviendo caliente. Nadie nos tomaba atención, porque cada uno estaba con lo suyo, entre conversando y ligando con otras mujeres. Pero debía guardar compostura ya me sentía demasiado extasiado para estar en un lugar público. —Perdón, ya regreso Jessy—le dije, y me levanté en dirección el baño. Me remojé un poco el rostro para quitarme este calor intenso que me estaba sofocando y salí después hacia la barra para tomarme una botella completa de agua bien helada que me la terminé en un santiamén. Se me antojó también una cerveza, entonces le pedí al bartender que me diera una Corona, ese era la bebida con menos alcohol, así al menos aclaraba mi mente un poco para seguir con la emocionante charla con Jessy. Me volteé y seguí mi trayecto relajado hacia nuestra mesa, mi noción ya estaba algo turbia y sentía que ya estaba en otro mundo. Debido a mi carácter creía tener todo bajo control. Me iba disfrutando al compás de la música electrónica, cuando de repente una chica chocó conmigo, tenía vestido n***o y cabello ondeado. Por un momento pensé que era Jessy, pero cuando alzó la mirada, ella y yo nos tornamos despectivos de inmediato. —¡¿Qué haces aquí?! —exclamamos al mismo tiempo. La tipa del restaurante estaba frente a mí, pero se encontraba vestida de un modo diferente, con un maquillaje y cabello que la hacían ver increíblemente nada desagradable. Era otra. —No me voy a disculpar —exclamó recia, chocando una parte de mi brazo con descaro y sin detenerse siguió su camino hacia los baños que se encontraban a unos metros. Yo me sulfuré en segundos. ¿Quién se creía que es? ¿seguía con esos aires de grandezas? —Me has vuelto a bañar de licor, así que pide perdón —le dije al sostenerla de su brazo, deteniéndola. Ella volteó y me fulminó con ira. —No tengo por qué —me respondió rodando los ojos en blanco. Nunca había conocido a una mujer que me sacara de mis casillas de esa manera tan rápida. —¿Así? Sí lo tienes, y mucho... —ella no cambiaba el gesto recio y determinado— me has humillado dos veces delante de todos. No, en realidad con esto tres ¿ninguna persona ha hecho eso, sabes? —¿De verdad? —dijo y me sorprendí al ver que ella acortaba nuestra distancia—. ¿Qué quiere hacer? ¿Ahora quiere seducirme? Yo retrocedí y, asomando su rostro cerca del mío, dijo: —Entonces me alegra ser la primera que te haya insultado de esa manera. Es un honor. Mi rostro tornó sombrío, entonces ahora fui yo quien avanzó hacia ella, mientras también inició a retroceder. Chocamos con la pared y, apoyando mis manos sobre sus delicados hombros, le susurré al oído: —No me sigas desafiando, que no te va a gustar ver la peor versión de mí —alcé la ceja con picardía. Pensé que se intimidaría, pero solo sonrió malévola y dijo: —Veamos qué me puedes hacer, idiota arrogante. Llegué al tope de raras emociones entre amargura, reto y atracción. Su voz se sintió como una extraña desafiante dulce melodía . Exacto algo ya no andaba bien conmigo. La tomé de la cintura, la apegué a mi cuerpo y ella abrió sus enormes ojos. —¿En serio quieres conocer lo que Marco te puede llegar a hacer? —le dije rosando mis labios sobre su cuello y ella se encogió ante mis suaves movimientos. En ese momento todo se había distorsionado. La lógica ya no tenía lógica. Hasta llegué a preguntarme si, ¿Todo era real? Me convencí que buscaba fastidiarla en otro aspecto. Esa era mi venganza, lograr que se estremeciera por la persona a quien estaba retando. Luego de ver su rostro, la solté embozando una sonrisa vencedora y seguí mi camino mientras ella me miraba con desconcierto. Sonreí, había logrado que se estremeciera por mi seducción. Ella no era de piedra como se dejaba ver. Esa duende rabiosa creo que a ese punto ya me llamaba la atención. O simplemente, era el alcohol, los efectos ya se saben como son. Llegué a la mesa con mis amigos y Jessy se me acercó a dar un beso. Yo la esquivé, por alguna razón ya había perdido el interés en ella. La diversión en mi mesa se había acabado. Nos encontrábamos en un balcón VIP, desde ese lugar se podía ver cómo bailaban aquellos de las mesas comunes en la pista de baile. Me quedé observando entre la gente mientras terminaba de beber mi vaso de whisky y finalmente con el rastreo visual la encontré a la pitufina desafiante. Un tipo se le acercó mientras ella parecía ir a su mesa y la convenció de bailar. Ella bailaba de forma sensual, él estaba detrás de ella, ciertamente a una determinada distancia, y contorneaba su cintura de forma deseosa. Yo tiré un chasquido y se reflejó al instante mi incomprensible fastidio. Esa plebeya pensaba que tenía el derecho de menospreciarme, pero haría que me pidiera perdón como diera lugar. Quería molestarla, quería malhumorarla por todo aquello que me había hecho pasar. —Me las tiene que pagar —dije en voz alta, y Bruno escuchó. —¿Qué dijiste? —contestó. Yo negué con la cabeza y diciéndole que dentro de poco regresaba me fui. No, no entendía pero ya había iniciado mi trayecto hacia ella. Una vez abajo traspasé a toda la gente intentando encontrarla, pero cuando de repente la visualicé, vi que una mujer se les acercaba a ellos dos y, al parecer, le estaba haciendo problema al chico. Ella se quedó pasmada y vi una gran oportunidad para tenerla en mis manos. —¿Qué sucede con mi amiga? —comenté pícaro tomándola de la cintura. La mujer desconocida me miró, se le veía tanta rabia entre los ojos. —Sucede que su "amiga" está seduciendo a mi novio —dijo con ironía. —Flor —exclamó el tipo—, terminamos hace dos semanas. Nosotros no estamos juntos. —¿Pero han pasado recién dos semanas y ya te buscas a otras? —respondió, mientras la pitufa botaba a un lado mi mano que la sostenía. Osada. —Solo, solo era un baile, lo acabo de conocer y me deben perdonar pero no me incumbe estar escuchando todo esto —dijo, con la voz distorsionada. La tal Flor parecía que se le quería ir encima y ella, al parecer, no se iba a quedar atrás. Entonces la sostuve de la mano, la posicioné detrás mio y mirando al tipo: —Soluciona tus problemas —me mostré serio y me la llevé hasta afuera, en donde ella se soltó con todas sus fuerzas de mi agarre para mirarme con esa fiereza en los ojos. —¿Por qué me sacas, idiota? —¿Quieres pelearte como una salvaje?—confronté. —Es mi problema. —La mujer de ahí dentro está loca, tenía una lima de uñas en su mano. ¿Y si te hacía daño? Ella se quedó pensando unos segundos. —No... no me lo imaginé —su mirada se quedó pérdida, pero a los segundos cambió de nuevo a un tono desafiante—. ¿Y qué quieres que haga, señor Troglodita?¿Qué le de las gracias? —Exacto —sonreí a mi respuesta y la observé con viveza—. Y, quiero también, una disculpa por tu horrible comportamiento hacia mi persona. —NO —fue tajante, mostrándome su dedo en negación—. Cecilia Pérez jamás se retracta —dijo, y yo solté una risa incrédula. —¡Tú! Eres... —me contuve de decirle algo más, su rostro estaba demasiado rojo y no se porqué la veía demasiado atractiva—. ¡Aysh! —exclamé y me volteé, sosteniéndome del cuello por la tensión. —Mira, idiota. No esperes nada de mí, que no te agradeceré ni mucho menos pediré perdón. Tipos como tú no lo merecen. Evidentemente la ira regresó a mí, giré y, apegándola a la pared que se encontraba a un metro, le dije: —¿Te crees lo máximo por ser la jefa de un barcucho? ¿Sabes quién soy yo? —No es solo un bar —me fijó recia, ella era fuego—. Es un restaurante karaoke. —¡Ja! Un lugar de bajo prestigio y donde dan mala atención —mostré mi sarcasmo. —No es solo un restaurante. Es mi sueño y esfuerzo que dejó mi familia —arrugó su rostro, fastidiada por mi comentario—. Y, no, no sé quién eres, y tampoco lo quiero saber —añadió con antipatía. Nos aniquilábamos, nuestros rostros estaban a poca distancia. Respirábamos agitados por nuestra exaltación. Entonces... —Lo sabrás —dije con la potente voz que me caracteriza, y de pronto, en pocos segundos, al estar en una fuerte tensión, todo se tornó desequilibrado y, al mismo tiempo... Nos besamos, nos besamos desenfrenadamente. El alcohol nos tenía desorientados, pero su aroma me gustaba. No sabía qué estaba haciendo, sin embargo, me dejé llevar. Ella besaba muy bien, presioné su delgado cuerpo con el mío y nos comenzamos a balancear el uno con el otro mediante el exuberante beso. No supe cómo llegamos, pero terminamos cerrando la puerta de una habitación. Nos comenzamos a desvestir ayudándonos mutumente. Me sentía enloquecido con los besos, caricias y seducción de esta mujer. Mi deseo salió a relucirse con fervor. Nos entregamos por completo el uno al otro, perdidos en el deseo de nuestra piel. Fue una noche intensa y apasionada que se nos hizo eterna. Al final, no recordé cómo terminó. *** TIEMPO ACTUAL - CECILIA ¿Ahora ya entendieron quién sedujo a quién? Obvio que él a mí. Ese tipo arrogante puede decir lo que quiera, siempre quiere tener la razón. Solo yo sé mi versión. El tiempo después de ese día se complicaría. Esa noche de sexo, embriagados, nos pasaría la factura. La guerra daría inicio desde entonces, sin dudar. TIEMPO ACTUAL - MARCO ¿Comprendieron la audacia de esa mujer? Fue claro. Ella fue la que empezó a seducirme, con esos ojos que gritaban una cosa mientras sus acciones hacían otras. Ella siempre cree que sus palabras son la ley y se equivoca. Tan orgullosa y arrogante como siempre, pero no tiene la razón. Yo también tengo mi propia versión. Esa noche, totalmente fuera de sí, haría comenzar una nueva historia de destrucción entre ambos. Un mundo desconocido nos haría combatir hasta el día de hoy, sin dudar. _______&&&_______ Hola mis lectoras ❤️ ya vieron algunos de sus nombres como lindas extras? Gracias por leerme❤️
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