Laura sintió el toque en su cabello. —Baby, despiértate. Sabía que era de madrugada, abrió los ojos aún somnolienta. —¿Ocurrió algo? Marco acarició sus mejillas. —Llegó el momento de la presentación. El sueño desapareció de inmediato y su racionalidad regresó. Marco percibió el cambio, sabía que a ella le gustaba el chocolate y había preparado una cesta; tomó un bombón y se lo ofreció. Laura comió más para calmarse que por otra razón. —Tengo miedo, Marco. —Lo sé, baby, terminará rápido. Junto a la cama había una especie de cuenco dorado con una jarra del mismo color. Marco colocó los utensilios dorados cerca de ella. Laura miró sorprendida cuando él lavó sus pies con un cuidado extremo. Cuando terminó, los secó con la toalla y los besó. —Este es un ritual antiguo que hace mucho

