Mucho pensando

1758 Palabras

Angélica llamó a la puerta de madera encurtida de la cabaña dos. Había enviado a los niños a dar una vuelta por la isla a propósito para que las dos damas pudieran pasar un tiempo a solas. Había algunas cosas que necesitaba saber de Guadalupe, y la mejor manera de hacerlo era a través del sol, la diversión y mucho alcohol. Guadalupe podía ponerse bastante habladora cuando le daban bebidas. —¡Voy! —escuchó a Guadalupe gritar desde algún lugar adentro. La puerta se abrió y allí estaba ella, ataviada con un caftán estampado de flores de gran tamaño. Este no era el atuendo típico de Guadalupe, ya que la prenda era holgada, grande para su tamaño, pero el calor hacía que usar algo pegajoso fuera insoportablemente incómodo. —¡Angélica! ¿Cómo estás? ¡Adelante! ¡Adelante! ¡Qué hermoso día! Vio

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