Lo que más le dolió fue que recurrió a su madre para conseguir su apoyo. La desesperación en su voz y en su rostro le dijo a Julián que no le habían hecho saber de este arreglo antes de llevarla a la habitación. No esperaba que la encerraran así. Esperaba que al menos hubieran tenido algún tipo de discusión sobre su matrimonio, y parecía que no lo habían hecho. Durante diez largos minutos, Julián se quedó allí mientras Mariana les suplicaba a sus padres que no hicieran eso. Se sintió indefenso. Aquí estaba él pensando que estaba obteniendo el diamante más grande del mundo, y ella lo miró como si fuera un trozo de carbón. Su salida furiosa de la habitación fue la guinda del pastel, el último clavo en su ataúd de esperanza. Desde ese día supo que este iba a ser un matrimonio unilateral. Y

