-¿Y ahora qué hago?- le pregunté a Carla, ella estaba sentada sobre mi cama, soltando pequeños bostezos o restregándose los ojos,
-Lo dices como si yo lo fuera a saber- ella me dirigió una sonrisa mientras alzaba sus brazos y los estiraba lo más que podía,
-Lo que hizo ayer fue una idiotez- insistí, ella continuaba estirándose, y mantenía esa sonrisa amplia y adormilada en su rostro,
-¿Tu crees?- me preguntó ladeando la cabeza un poco, asentí y me senté en la cama a un lado de ella, -Entonces, ¡Deberías gritarle!, no, no solo eso, estoy segura, deberías de alejarte de él, ¡Olvida las asesorías! ¡Mudate al extranjero! Algo lejos, que nadie espere, ¡A Canadá!-
-No estoy dispuesta a perder la apuesta- ella abrió la boca y estaba a punto de decir algo cuando mi celular comenzó a sonar, ella lo tomó de una de las mesitas de noche que estaban situadas al lado de mi cama y sonrió ampliamente al ver de quién se trataba,
-Tu príncipe- ella extendió su mano para pasarme el celular, lo tomé y contesté,
-¿Que quieres?- Carla me miró incrédula y después soltó una sonora carcajada llevándose ambas manos al abdomen,
-Necesito tu ayuda- Carla me miraba atenta intentando descifrar que era de lo que estábamos hablando, entonces lo puse en altavoz para que pudiese escuchar,
-¿Qué hiciste?- le pregunté en un tono que pareció como si estuviera de mal humor, pero la verdad es que no lo estaba,
-Me duele la cabeza- parecía como si estuviese haciendo un puchero, Carla me miró haciendo un gesto con su boca para indicar que le daba ternura, negué ligeramente e hice una expresión de fastidio. Carla me sacó la lengua,
-John, se llama cruda- señalé, Carla se puso de pie acercándose lo más que le era posible al celular, a pesar de que lo único que se escuchaba era su respiración pesada,
-Pues en ese caso no tolero las crudas, ¿Puedes venir?- insistió, miré a Carla quien ya asentía repetidamente con los ojos bien abiertos,
-Lo siento no puedo, estoy algo ocupada-le respondí haciendo pausas entre mis palabras, Carla me miró suplicante, y juntando un poco sus cejas,
-Dev, hablo enserio, ¿Puedes venir?- insistió; entonces Carla volvió a asentir de manera eufórica, juntando sus manos como si hiciese una oración y suplicándome entre susurros que fuese,
-Estoy haya en cinco minutos- contesté, iba a colgar, pero gracias a Dios reaccioné, ¿Cómo llegaré si no tengo su dirección? -Momento, no tengo tu dirección-
Carla, quien ya había comenzado a caminar, se detuvo enfrente de mi puerta, con la mano aún en la perilla, a punto de girarla,
-Te la envió por mensaje- entonces terminé la llamada y solté un suspiro, acto seguido me lleve ambas manos al rostro y las dejé ahí un par de segundos, -¿Me acompañas?-
Al preguntar aquello aún tenía las manos cubriendo mi rostro, así que sólo escuché el cómo Carla abría la puerta,
-Pues ya que, si tanto insistes no creo poder negarme- ella ya estaba en el corredor al decir aquello. Dí un par de zancadas para alcanzarla y ambas bajamos las escaleras juntas. Al llegar a la planta inferior, mi madre, quién estaba en la sala nos miró extrañada,
-¿A dónde van?- pregunto como cualquier madre que fuese responsable, Carla y yo nos miramos para ponernos de acuerdo en alguna mentira, pensé que Carla había entendido aquello, por lo que dejé que fuese ella quien hablase,
-Vamos a casa del novio de Dev porque está crudo- Carla había dicho aquellas palabras con una sonrisa enorme, por lo cual tanto mi madre como yo nos le quedamos viendo incrédulas,
-¿Dev, tienes novio?- me preguntó como si fuera lo único que escuchó de la oración, Carla hizo aquel ruido que hacía cada vez que intentaba ahogar una carcajada,
-No es mi novio, mamá es John, y no, es algo bastante complicado. Si podría decir que estamos saliendo, pero...- dejé la oración al aire y le planteé un beso en la mejilla, -Es complicado-
-Bien, Dev, pero maneja con cuidado- me sentenció con un tono amenazador y su dedo índice señalándome, asentí y ella me sonrió,
-Adiós mamá- entonces fue ella quien me dió un pequeño beso,
-Adiós Dev- dijo.
Carla y yo salimos por la puerta de la entrada y la cerré detrás de nosotras, nos subimos a mi carro y cuando estaba cerrando la puerta detrás mío me pregunté si no deberíamos de parar en alguna farmacia o algo por el estilo. Pero, debido a mi falta de experiencia no sabía que debía de comprar en esos casos,
-¿Nos vamos a quedar aquí?- preguntó Carla, quien ya estaba muy puesta en el asiento del copiloto,
-Ponte el cinto- le ordené poniéndome el mío, ella se me quedó viendo incrédula durante unos segundos,
-¿Así de mal conduces?- me preguntó soltando una pequeña carcajada, no pude evitar la sonrisa que se formó en mi rostro.
Se puso el cinturón de seguridad, y arranqué el coche, ella iba guiándome, lo cual, si he de ser honesta, creo que fue una pésima, en serio pésima decisión, porque me ella me iba metiendo por calles incorrectas. Hasta que tuve que detenerme y mirar el mapa; ahí me dí cuenta que me estaba guiando al otro lado de la ciudad, entonces tuve que dar vuelta, y empezar a manejar, esta vez en dirección correcta, mientras que Carla me repetía lo mucho que lo sentía y me juraba que había sido un error del cual no pudo percatarse.