Capítulo: 8

1561 Palabras
Al llegar a casa de John no nos dejamos impresionar por lo enorme que era esta, bajamos del coche y subimos los escalones de la entrada. Tocamos la puerta una vez con un golpe suave y leve, pero nadie abrió, y pasaron más de cinco minutos; entonces Carla se desesperó y empezó a golpear la puerta repetidamente como una niña pequeña, a excepción que lo hacía con gran fuerza, como si tratara de romperla. Le dí un manotazo para que dejara de tocar de aquella manera, pero después ella me lo regresó, y claro que no me quedé de brazos cruzados, por lo que se llevó otro golpe de mi parte, A continuación ambas estabamos dandonos de manotazos hasta que escuchamos el repiqueteo de unos tacones que se acercaban,  -¿En qué puedo ayudarles señoritas?- preguntó una mujer, quién nos veía expectante esperando nuestra respuesta. Miré a Carla, quien se aclaró la garganta antes de decir: -Ella es la novia de John- soltó Carla señalándome con su dedo índice y sacudí un poco la cabeza en señal de negación,  -No soy la novia de John- grité, pero lo había hecho más en dirección a Carla que a la señora, quién ahora nos veía demasiado extrañada. Carla me sonrió de esa forma juguetona que solía hacerlo cuando me hacía enfadar,  -Pasen por favor- se limitó a decir al abrirnos un poco más la puerta para darnos el paso. Carla levantó los hombros mientras entramos. Y si, esta vez al entrar la casa nos dejó deslumbradas, vimos una hermosa y enorme sala, iba a decirle algo a Carla cuando escuché el ruido de su celular que indicaba que había tomado una fotografía,  -¿Es enserio?- le pregunté incrédula,  -¡La casa es hermosa!- exclamó sin alzar la voz, -Mi mamá estaría loca por verla- Algo que tenía bastante lógica ya que su madre era arquitecta.  Seguimos todo derecho hasta que llegamos a las escaleras, la distribución era simple, a la izquierda estaba el comedor, y enseguida se veía que este estaba conectado a la cocina, Carla incluso me había propuesto indagar un poco; a lo que me negué.  Pasamos por varios cuartos, al escuchar unos ronquidos, asumimos que ahí era el cuarto de John,  -Cuándo se casen vas a pasar muchas noches en velo- bromeó,  -¡Ya basta!- exclamé y ella solo rió como si le hubiese contado un chiste.  Así que íbamos directo a esa habitación, y agradecí que Carla dejara de hablar. Cuando llegamos abrimos la puerta, y bueno, la habitación era del doble del tamaño, -Sino es que el triple- de la mía, miré a la cama, y lo cierto es que ahí estaba John acostado con la cara entre las almohadas, llevaba una playera negra de manga larga y un pantalón de mezclilla. Entonces el ruido de la cámara proveniente del celular de Carla volvió a sonar,  -¿Y ahora qué haces?- le pregunté dejando mi mirada fija sobre ella, intentó guardar su celular de una manera rápida, pero este cayó al suelo y tuvo que inclinarse para recogerlo,  -Esta foto valdrá millones en la escuela- se explicó mientras examinaba su celular, lo guardó y decidí no contestarle.  Tan solo me limité a poner los ojos en blanco, me senté en la cama de John a un lado suyo, paso mi mano por su cabello en un intento de despertarlo, y me sorprendí ante lo suave que estaba,  -Creo que está dormido- le dije a Carla sin quitar la vista de John. Quién era evidente cuando respiraba por la forma en que su espalda subía y bajaba,  -No me digas- Carla dijo aquello con un evidente tono de sarcasmo, -No lo habría creído. Que raro, ni siquiera sus ronquidos lo delatan- -Creo que será mejor que nos vayamos ya- decidí, me puse de pie y aparté la mano de la forma más delicada que pude de la cabeza de John. En cuanto lo hice, él abrió los ojos, y me miró con una sonrisa adormilada en su rostro, alzándose de las almohadas,  -Hola- saludó él pasándose una mano por la cara, mire a Carla y ella me devuelve la mirada haciendo un corazón con sus manos, -Hola, listo llegamos, ahora mismo nos vamos- dije, iba a ponerme de pie, pero Carla volvió a empujarme para que quedara de nuevo sentada en la cama, -¿Estás bien?-  Al preguntar aquello a John pusé un poco más de atención en su rostro, centrándome en el tamaño de sus ojeras, al parecer Carla también las notó ya que instintivamente llevó sus manos por debajo de sus ojos, -La cabeza me duele- contestó soltando un suspiro, pasó su mano por su cabello despeinándose aun más de lo que ya estaba, -¿Quieres que te traigamos algo?- le pregunté y Carla le dirigió una mirada expectante, John se limitó a asentir con la cabeza, así que jale a  Carla para que me siguiera al salir de la habitación, ambas bajamos las escaleras y nos dirigimos a la cocina, donde, al llegar nos topamos con la cocina más enorme que jamás hayamos visto, -¿Qué estamos buscando?- me preguntó Carla quién ya había empezado a abrir todos los cajones,  -Algo para el dolor de cabeza- conteste dejando mi mirada fija en ella, dejó de mover las cosas de los cajones y se quedó con la mirada fija en algún punto dentro de uno de ellos,  -¿No sería algo para la cruda?- me preguntó ella en un tono como si me estuviera interrogando, yo asentí,  -Es casi lo mismo- digo y le provoqué una pequeña risa; ambas buscábamos entre las alacenas, cajones y de más. Pero al final optamos por llevarle un café muy, en serio, muy cargado y una pastilla, que Carla insistió tendría el mismo efecto que una aspirina.  Al regresar a la habitación de John, ella iba delante ,mío subiendo las escaleras de dos en dos, cuando llegamos, Carla me abrió la puerta, pasé antes que ella con las cosas, cuidando que no se cayeran y ella entró siguiendome, y cerrando la puerta,  -Aquí tienes- dije al extenderle la taza, y la pastilla,  John se sentó como pudo, en su cama e ingirió la pastilla. Al empezar a tomarse el café, a cada sorbo lo acompañaba de una mueca, y esto, a Carla le produjo una de sus muy frecuentes carcajadas,  -¿Qué es tan gracioso?- preguntó él, no lo hizo de mala fé, y esto se notó, ya que a pesar de que su voz estaba ronca, -Porque seguía adormilado- la manera en que se lo había preguntado sonó demasiado suave,  -Las caras que haces al dar cada sorbo, eso es lo gracioso- indicó Carla sonriente, él frunció el ceño mientras apartaba su mirada de la rubia,  -Eso te pasa por beber tanto- me limité a mencionar; el hizo como si no me hubiese escuchado, y puso los ojos en blanco dejando fija la vista sobre la taza en todo momento, -Te dije que era parte de la diversión- alzó un poco la mirada de la taza para verme, y después volvió a centrar su atención en ella,  -¿También es parte de esa diversión despertar al día siguiente con una de las peores crudas?- le preguntó Carla, en un tono que cualquier persona que no la conociera pensaría que estaba molesta, -Es la consecuencia de la mejor diversión.- insistió John, quien estaba a la defensiva, -no entendía porqué defendía algo tan estúpido- pero estaba muy terco en hacerlo,  -En mi más sincera opinión lo que hiciste fue lo más estúpido que alguien pueda hacer- establecí mi punto,  -Pues no estoy para nada arrepentido, de hecho estoy muy cómodo por el momento- insistió, “por el momento” pensé, en este momento Carla soltó un gran grito que era capaz de romperle los tímpanos a cualquiera, -¿Qué fue eso?- preguntó John llevándose las manos a los oídos para taparlos, en su tono reflejo lo molesto que estaba, supongo que se debía al dolor de cabeza por culpa de la resaca,  -¿Ahora te arrepientes de haber tomado?- le pregunta Carla haciendo un ademán muy raro y gracioso con la cabeza, el cual no se qué significa, -¿Qué tiene que ver mi momento divertido con ti grito de psicópata?- le preguntó John a Carla, ella sonrió triunfante,  -Si no estuvieras crudo no te dolería la cabeza- aclaró Carla volviendo a hacer ese raro ademán con la cabeza, ahora cada quién estaba la defensiva con su punto de vista, -Bien, ya, eso no importa, ¿Cómo llegaste a casa?- le pregunte, porque creía que sería extremadamente estúpido de su parte conducir en el estado en el que estuvo la noche anterior,  -Conduciendo, ¿No es obvio?- preguntó, dejando la tasa en una de las mesitas de noche que estaban a cada lado de su cama,  -¿Cómo diablos se te ocurre conducir en ese estado?- le gritó Carla, que al parecer por raro que suene también estaba molesta, -No iba a llamar un taxi cuando traía coche- sentenció, y tanto Carla como yo pusimos los ojos en blanco, nos miramos y luego le devolvimos la mirada a John, estábamos a punto de seguir regañándolo cuando se escucha que abrieron la puerta de la entrada, empiezan a escucharse unos golpes que solo los zapatos de tacón pertenecientes a una mujer producen,   -John, ya llegué- gritó una voz de mujer desde el piso inferior de la casa, Carla me dirigió su mirada con los ojos bien abiertos,  -¿Quién es?- se atrevió por fin a preguntar Carla después de unos segundos de silencio completamente incómodo, lleno de miradas de intriga, -Es mi madre- respondió él muy tranquilo, pero yo solo pienso, “mierda”, “mierda”, “estoy muerta”, pero no sabía el porqué reaccionaba así. Solamente lo hice.  
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