Al día siguiente me encontraba caminando en dirección al aula de cálculo, batallando con mis libretas que no había alcanzado a guardar dentro de mi mochila; casi todos los días era algo así, ya que yo tardaba años en guardar las cosas porque quería que estas estuviesen en perfecto orden. Era una manera tonta, pero que me era útil para sentir que tenía todo bajo control.
Así que ahí estaba caminando a paso apurado mientras luchaba por guardarlas al mismo tiempo,
-¡Dev!- fruncí el ceño y alcé la mirada en dirección proveniente de quien me había llamado, -¿Se te ha olvidado que aceptaste ser mi novia?-
John sonreía, tomo mi mochila abriendola, permitiéndome guardar mis cosas dentro de esta. Miré alrededor, y por supuesto que ya habían demasiadas miradas curiosas dirigiéndose a nosotros; en su mayoría de chicas,
-¿Te lo vas a tomar en serio?- él asintió, solté un suspiro. No era la respuesta que esperaba.
Entonces colgó mi mochila en su hombro desocupado y con su mano tomó mi mano,
-¿Enserio tenemos que hacer esto?- quise saber, pero la verdad, es que me encontraba demasiado incomoda, ya que las miradas curiosas se habían duplicado,
-Sí- contestó casi de inmediato, -Así le dejó en claro a todos que eres mi novia.
Entonces se llevó mi manoa los labios y le dió un pequeño beso,
-¡Venga ya John!- exclamé arrebatándosela. Él soltó una fuerte carcajada y volvió a buscar mi mano,
-No le encuentro sentido- admití volviéndola a retirar,
-Yo no le encuentro sentido a que por el hecho de que tu eres una amargada, creas que el resto también lo seremos- se alzó de hombros al decir aquello, volvió a buscar mi mano y la tomo.
Fue extraño el volver a caminar con nuestras manos entrelazadas, no incomodo; pero no era algo a lo que estuviese demasiado acostumbrada. Recuerdo que cuando estábamos a punto de llegar al salón vi a Carla, quien al vernos sonrió de oreja a oreja y se metió corriendo al salón, seguramente en cuánto entraramos me pediría la mayor cantidad de detalles posibles. Una vez que estuvimos en la puerta del salón John se me quedó viendo, como si esperase que le dijera algo; honestamente creí que solo me dejaría ahí y se iría sin necesidad de mediar palabra.
No; no fue así.
-Creo que ya tengo que entrar- parecía como si le gustara la atención que recibía, y es que de nuevo había chicas que dirigían su mirada a nosotros a través de las ventanas,
-De acuerdo- el se acerco a mi y yo le extendí la mano. Me sentí un poco tonta, ¿Que esperaba que hiciera? ¿Que la estrechará?
Al verme, John soltó una carcajada,
-Adiós- antes de que pudiese siquiera responder él se inclinó y me plantó un beso en la mejilla,
-Adiós- contesté demasiado tarde ya que él se encontraba demasiado lejos como para escucharme. Me quedé ahí plantada mientras veía como se alejaba,
-Señorita Devonne, ¿Nos acompañará a la clase?- preguntó el maestro quien acababa de llegar. Parpadeé un poco para desaturdirme y asentí.
-¿Qué ha pasado?- quiso saber Carla apenas me senté. Aquello me lo había preguntado en casi un susurro, mientras que el profesor dejaba sus cosas sobre el escritorio,
-¿Recuerdas la apuesta de la que te conté?- ella asintió ligeramente, -Eso pasó-
-Han mandado fotos de ustedes en el grupo del exámen de química- mencionó Carla,
-No estoy en ese grupo- ella empezó a buscar las fotos en su celular, -Creí que estabas castigada-
-Solo por un día, le dije a mi padre que no podía hacer algunas tareas sin el celular- explicó al extenderme su móvil, lo tomé, -Y no estas porque no eres capaz de sacar tu celular en medio examen-
Eran tres. Y en todas estábamos de espaldas con nuestras manos entrelazadas. Por error salí de aquellas fotos, y cuando le estaba devolviendo su celular a Carla alcancé a leer tres mensajes. Dos de ellos preguntaban si era yo la de la foto, y el último era de John, decía "¿Ya tengo su atención?" Fruncí el ceño. ¿De verdad ese era su objetivo?
Me lo pensé, y es que tendría bastante lógica, sería una respuesta al por qué estuvo tan insistente en tomarme de la mano, o el beso que había plantado en esta. Inclusive el porqué no dejaba de sonreír. Él siempre era así. Se sentía el centro del mundo; como si todos estuvieran al pendiente de que era lo siguiente que iba a hacer. ¡Lo peor de todo es que muchos sí lo estaban!
Me quería arrancar el cabello.
-¿Estás bien?- me preguntó Carla al darse cuenta de mi expresión; es que, nunca he sido buena para esconder mis sentimientos, por lo que puedo asegurar que cualquiera podría notar lo enojada que me encontraba,
-¿Te has dado cuenta?- le pregunté, ella solo me miró extrañada, -¡Todo ese teatrito solo fue para llamar la atención?-
-No sé qué te sorprende- Carla con aquello alzó un poco los hombros, -John siempre ha sido así, pero te enseñaba las fotos para que vieras que bien se ven juntos, no para que...-
-¿Crees que podría estar con alguien así?- la interrumpí, ella frunció su boca, -No piensa en nadie más que en su enorme...-
-¡Señoritas Carla y Devonne!- nos gritó el profesor desde el frente del salón, entonces todos nos miraron, -¡Si quieren continuar su plática pueden hacerlo fuera del salón!-
-¡No!- exclamó casi de inmediato Carla, después se lo pensó, -O, sí salimos, ¿Aún tendríamos asistencia?-
El maestro señaló la puerta con su dedo índice y Carla soltó un suspiro al darse que no cambiaría de opinión.
-Ni siquiera explica bien...- refunfuñaba Carla mientras guardaba sus cosas de mala gana, la imite, -...Llevo todo el semestre sin aprender nada-
-¿Disculpa?- preguntó el maestro, ya que al parecer escuchó los refunfuños de la rubia,
-¡Ya me estoy yendo!- Carla era así. Los maestros le mandaban reportes, se quejaban de ella con sus padres, e incluso amenazaban con expulsarla; pero nunca lo hacían, ya que la escuela necesitaba de su capitana el equipo de volley, y ella se aprovechaba demasiado de ello.