Dolores se incorporó lentamente, sus ojos fijos en los de Laureano mientras se deslizaba sobre su cuerpo, sus piernas rodeando sus caderas. El calor entre ellos era palpable, una tensión electrizante que hacía vibrar el aire de la cabaña. La respiración de ambos se había vuelto un susurro compartido, un preludio a lo que estaba por suceder. Con una mano firme pero delicada, Dolores guió el m*****o de Laureano hacia su entrada, su cuerpo ansioso y listo para recibirlo. Cerró los ojos un instante, disfrutando de la anticipación que había construido con cada caricia, cada beso. Laureano la observaba, su mirada oscurecida por el deseo, sintiendo la calidez de su humedad mientras ella se acomodaba sobre él. Dolores dejó escapar un suave gemido al sentirlo entrar en su interior, lento al princ

