—¿Qué es esto, Luis Carlos? —pregunta con voz temblorosa, acercándose. Luis Carlos, con el corazón roto, intenta decir algo, pero las palabras se atascan en su garganta. Antes de que pueda responder, Victoria alcanza a ver los nombres de Gabriel y Emilia grabados discretamente en las placas de los ataúdes. El color se drena de su rostro mientras la realidad la golpea con toda su crudeza. —No... no puede ser... —murmura antes de perder el conocimiento. Luis Carlos, alarmado, corre hacia ella, sujetándola antes de que caiga al suelo. Con la ayuda de uno de los empleados de la mansión, la llevan rápidamente a una habitación cercana y llaman a un médico. Luis Carlos permanece al lado de su esposa, afligido no solo por la pérdida de Gabriel y Emilia, sino también por el impacto devastador q

