Luis Carlos se encontraba en su despacho, revisando documentos, cuando su asistente personal entró rápidamente, visiblemente alterado. —Señor García, hay un camión en la entrada. Dicen que trae algo para usted, pero insisten en que solo lo abrirán si usted está presente —dijo el asistente, nervioso. Luis Carlos frunció el ceño. Era un momento tenso, y cualquier cosa fuera de lo común le ponía en alerta. Se levantó de su silla y, con una mirada grave, asintió. —Vamos a ver de qué se trata —respondió, dirigiéndose hacia la puerta. Al llegar a la entrada de la mansión, encontró un camión de carga estacionado. Dos hombres robustos y de aspecto sombrío lo esperaban junto al vehículo. Luis Carlos se acercó con cautela, flanqueado por sus propios guardaespaldas. —Soy Luis Carlos García. ¿Qué

