Laureano llegó a la casa principal de los González esa misma tarde, después de recibir una llamada urgente de Dolores. Habían pasado unos días desde la conferencia de prensa, y aunque el escándalo parecía haber disminuido en intensidad, Dolores sabía que el peligro aún acechaba. Necesitaba desahogarse, compartir sus miedos y, sobre todo, buscar un momento de consuelo en los brazos de quien siempre había sido su refugio en medio de la tormenta. Laureano entró en el despacho de Dolores sin previo aviso. Ella estaba de pie junto a la ventana, mirando cómo el cielo comenzaba a oscurecerse, como si la inminente tormenta que se avecinaba fuera un reflejo de su estado interior. Al escuchar la puerta cerrarse, se giró y lo vio, su figura alta y fuerte, emanando esa mezcla de seguridad y peligro q

