Dolores, después de colgar la llamada con el hombre misterioso, se quedó en su oficina, sumida en un profundo pensamiento. Sabía que el tiempo se estaba agotando y que la única manera de protegerse era desvincularse de las decisiones más oscuras que se habían tomado. Decidió actuar rápidamente. No estaba dispuesta a sacrificar su vida ni la estabilidad de la familia por los errores de otros, especialmente los de Laureano. Tomó su celular y envió un mensaje a su mensajero de confianza, un hombre discreto y eficiente que había trabajado para ella durante años. En el mensaje, le pidió que se reuniera con ella de inmediato en un lugar seguro. Una vez que el mensajero llegó, Dolores le entregó un sobre sellado, lleno de documentos comprometedoras. —Necesito que entregues esto a la policía y a

