Laureano caminaba por las calles oscuras de la ciudad, con el corazón latiendo con fuerza. La traición que planeaba contra Dolores no era algo que tomara a la ligera, pero sabía que su supervivencia dependía de ello. Dolores había demostrado ser despiadada, y Laureano estaba convencido de que, si no actuaba primero, él sería el siguiente en la lista. Dolores lo había utilizado como un peón en su juego de poder, y ahora que las cosas estaban empezando a desmoronarse, Laureano se daba cuenta de que su lealtad había sido mal recompensada. Decidido a salvar su propia vida, y tal vez redimirse un poco, decidió que la única opción era acudir a Luis Carlos. Al llegar a la mansión García, fue recibido con frialdad. A Luis Carlos le sorprendió que Laureano se atreviera a presentarse en su puerta.

