Natalia Después de ese fin de semana en casa de su abuelo, mi relación con Jeremy despegó como un cohete. Han pasado varias semanas y hemos estado el uno sobre el otro todo el tiempo. La relación se afianzó más y ambos estamos muy satisfechos por ello. Es por eso que hoy, diez de diciembre me encuentro en el aeropuerto de Miami, aferrada a Jeremy como si de eso dependiera mi vida. —Vamos nena, sólo serán unos días. —Lo sé —respondo—. Pero me harás mucha falta. —Nos escribiremos a diario y no veremos por video llamada. —No es suficiente. —Me aferro más a su camisa. Besa mi cabeza y frota mi espalda. —Tampoco para mí, pero tu Nana te está esperando. Eso hace el efecto y me alejo un poco de él. —El tiempo pasa volando ¿no? —Así es, te amo princesa. —Te amo. Nos despedimos con

