Verita se había ido a su habitación, en todo este tiempo jamás había tenido una conducta de esa manera. Siempre demostró ser una niña tierna y encantadora, sin embargo, esta vez sus ojos mostraron una profunda sensación de dolor, por lo que no pude evitar decepcionarme de mí misma. —Creo que la salida no podrá ser por esta ocasión —le contesté a Belial al mirarlo de reojo—. Deberías irte ahora. Él limpió bajo su nariz, y pestañeando más de una vez, asintió en dos ocasiones. —Comprendo —fue todo lo que dijo, antes de dar un paso adelante y salir de la cocina. —Trataré de hablar con ella, le explicaré las cosas. Es muy inteligente y sé que comprenderá. —¿Vas a decirle que soy su padre? —preguntó parado bajo el umbral de la puerta. —Belial, eso no es tan simple, y tú mismo lo dijiste. E

