Capítulo cuarenta y cuatro Sus manos la agarran del cuello con una fuerza increíble hasta dejarla moviendo sus pies en el aire, Verónica trata de zafarse de su agarre sin tener éxito y cada con cada segundo que pasa su rostro va tomando un tono más pálido. La va a matar y yo no puedo hacer nada contra él, porque sería en vano debido a la situación en la que estoy. El elevador emite nuevamente el típico pitido de que alguien ha llegado al pent-house y el olor de Azael se mezcla con el de Yannick por todo el lugar, al vernos corre hacia Yannick intentando quitarle a Verónica de las manos, pero este más aprieta dejando a la loca de su pareja como un vegetal inmóvil. —¡La estás matando! ¡suéltala! —grita Azael para que el vampiro de ojos verdes entre en razón, sin embargo este solo se

