Durante el enfrentamiento logramos herir a cinco lobos, quienes comenzaron a convulsionar incontrolablemente para dejar en el suelo a unos hombres gloriosamente desnudos, no podía evitar notarlo, ya que eran más grandes y fornidos que el soldado promedio al cual si estaba acostumbrada. La parte de su cuerpo con las heridas de nuestras espadas lucían graves, infectadas, sin duda resultado del acónito, se debilitaban, así como parecían perder concentración o lógica, o al menos eso pensé cuando uno de ellos cometió el error de acercarse demasiado a mi, mientras se defendía de los incesantes ataques de mis hombres, aprovechando el descuido no perdí el tiempo, me abalance sobre él y con un fuerte movimiento hacia abajo, corté su cabeza de un solo golpe, ganando gruñidos amenazantes y un alto al

