Los rayos del sol tocaron mi rostro y me hicieron abrir los ojos, me sentía plena, feliz, y todo se debía al hombre que estaba a mi lado, con sus brazos alrededor mío y su aroma llenando mis pulmones no podía estar en mejor lugar. Tenía su nariz pegada a mi cuello lo que me hacía sentir un cosquilleo con su respiración. Lo último que quería era arruinar este perfecto despertar pero la presión sobre mi vejiga tenía diferentes planes. Comencé a levantar su mano solo para sentir como el me apretaba mas a su cuerpo, gruñendo en disgusto y poniendo una mueca en su hermoso rostro, aún tenía los ojos cerrados, por lo que no supe si seguía durmiendo o ya había despertado. "Ni lo pienses" murmuró entre dientes, haciéndome reír. “Cómo te sientes?” “Mucho mejor”. Le dio un beso a mi cuello que m

