En cuanto tomé ni bolso me dirigí a la puerta.
Solo tenía que esperar que Santiago saliera para despedirme de él y volver a casa… Pero la curiosidad fue más grande y terminé escuchando detrás de la puerta como una chismosa.
Era difícil escuchar lo que decían porque los dos hablaban muy bajo.
Pero lo único que sí escuché provino del tío de Santi.
El hombre terriblemente guapo que me había mirado con molestia evidente.
—Por lo que a mi respecta eres un hombre y ella una mujer Santiago —gruñó el hombre y yo me estremecí de una extraña manera sin entender qué estaba pasando pero antes de que fuera atrapada espiando me aparté de la puerta justo a tiempo.
Santi entró más tarde luciendo un poco avergonzado.
—Tengo que irme —dije rápidamente antes de que él hablara e inevitablemente me sonrojé recordando lo que iba a pasar justo antes de que su tío entrara.
Mi corazón saltó ante el recuerdo reciente e incómoda cubrí mi brazo con mi mano.
¿Por qué la profesora nos tenía que poner juntos?
Y sobretodo ¿Por qué yo no paraba de avergonzarme frente a Santi?
Él me miró intensamente bajo sus tupidas pestañas como si me quisiera decir algo y finalmente suspira para después decidirse a hacerlo.
—Ni siquiera hemos terminado además iba a pedirte que vinieras conmigo al parque —me dijo al fin y mi corazón se aceleró de inmediato ante la idea pero dado que pasar el tiempo con Santiago era casi igual a humillarme a mi misma preferí declinar su propuesta.
—Mi madre me llamó, debo ir ya a mi casa —mentí de inmediato porque soy una buena mentirosa.
Llevo años mintiendo con naturalidad, aunque eso no sea cosa de la cual sentirse orgulloso.
—Entiendo, entonces te llevo a casa…
— ¡No! —exclamé ruborizada queriendo evitar todo tipo de contacto una vez más frente a él—. Quiero decir que no quiero molestarte.
Continué con las mejillas arreboladas y él pareció encantado con mi reacción porque sonrió iluminando mi vista.
Santiago es realmente el chico más guapo que he visto en mi vida.
Casi no parece real.
—No me molesta, yo te busqué así que yo te llevaré, no voy a dejarte ir sola —dijo él y yo asentí sintiéndome nerviosa cuando pasó su brazo por mi hombro para que ambos caminaramos a la puerta.
Y al abrirla vi de inmediato al tío de Santiago apoyado en la pared entonces sus ojos se conectaron con los míos como hace un par de minutos había sucedido, solo que esta vez fue más intenso y me sentí ligeramente temblorosa.
Había algo en él.
Irradiaba peligro y me llamaba la atención de forma extraña.
Pero decidí ignorar eso mientras él daba un paso en mi dirección y me tendía la mano. No obstante su rostro de mantenía serio como si estuviera analisándome.
Rápidamente tomé su mano y él enseguida la estrechó sin apartar su mirada de mí por un segundo.
Lo único que pude notar es que evidentemente la belleza viene de familia porque Santi es muy parecido a él.
Sin embargo su tío tiene una belleza un poco más masculina, a lo mejor se trate de madurez, no lo sé pero este hombre frente a mí es sumamente atractivo.
—Aitor Escarrá —Dijo él con voz aterciopelada, este hombre debe ser un seductor nato—. ¿Tú?
Tuve que hacer un esfuerzo sobre humano para no sonrojarme ante su mirada, voz y toque.
Al parecer estoy sintiendo el efecto de los Escarrá porque no consigo otra explicación para como este par me hace sonrojar sin siquiera intentarlo.
Es vergonzoso.
—Soy Alondra de la Cruz —susurré y él asintió antes de sonreír por primera vez y creo que me quedé sin aliento.
Si pensaba que Santi tenía una hermosa su tío…
¡Oh por Dios! ¡¿Qué estoy pensando?!
Santiago carraspeó haciéndome notar su presencia nuevamente en la habitación incluso cuando su brazo aún seguía alrededor de mí hombro.
También nos percatamos que nuestras manos seguían conectadas así que él me dejó ir.
—Alondra se tiene que ir, le diré a Max que nos lleve —habló Santi con un tono extraño que nunca le había escuchado antes.
Parecía tan serio.
Aitor finalmente apartó su mirada de mí y la dirigió a su sobrino, fue entonces cuando vi su mandíbula palpitar.
—No, yo los llevaré —repuso él de repente y sentí como Santi se tensó.
No sé qué está pasando aquí en estos momentos pero se siente incómodo.
— ¿No tienes que trabajar o algo?
Los ojos de Aitor brillaron antes de dirigirle una sonrisa a su sobrino.
—Hoy están de suerte, estoy libre. Vamos.
Él nos dio la espalda y comenzó a caminar mientras que Santiago bufó por lo bajo sin soltar mi agarre.
—Suerte, sí, claro —susurró más para él que para mí y yo me sorprendí porque él no parecía el mismo chico que me había traído aquí.
Antes había parecido amar a su tío pero ahora…
— ¿Por qué dices eso? —le pregunté antes de poder detener mi cuestionamiento.
Él pareció darse cuenta de mi presencia y se sonrojó haciéndolo lucir mucho más lindo.
—Yo…
—Chicos, no se queden atrás —gruñó Aitor y enseguida nosotros comenzamos a caminar en silencio.
No tardamos en llegar a un auto súper elegante e incluso me sentí incómoda de entrar ahí.
Pronto comenzamos a alejarnos de la casa con Aitor conduciendo el auto poniéndome nerviosa porque no solo estaba conduciendo sino que además me lanzaba miradas intensas a través del retrovisor.
— ¿Desde cuándo son amigos? —preguntó él de repente pero fue Santiago quien respondió por mí.
—Desde el año pasado pero Ali es del otro curso, esta vez la profesora unió ambos grupos y quedamos juntos.
Él asintió y no dijo nada más.
Santiago comenzó a hablarme sobre la tarea y me hizo prometerle que mañana iría una vez más a su casa porque no habíamos terminado así que no me quedó otra que acceder.
De igual manera yo no quería que fuera a mi casa.
—Yo podría pasar a recogerte —dijo Aitor llamando nuestra atención y mis ojos chocaron enseguida con los suyos que me miraban por el retrovisor como las veces anteriores.
Sentí a Santi tensarse a mi lado aunque no entendí el porqué.
—Gira a la izquierda —dijo mi crush algo molesto y continuó—. Y no, gracias. Yo puedo irla a buscar con el chófer perfectamente como hoy.
—Pero para mí no supondría ningún problema.
El músculo en la mandíbula de Santiago comenzó a palpitar de repente.
—Es esa casa —señaló—. Y será nuevo que tienes tiempo para nimiedades.
Entonces antes de que su tío pudiera responder algo abrió la puerta y me ayudó a salir cuando Aitor se estacionó.
Por alguna razón quería voltearme a verlo pero fue más fuerte que eso y sentí ligeramente las mariposas dentro de mí cuando Santi me tomó la mano para ir al frente de mi casa.
—Lo siento —se disculpó y yo una vez más no entendí el porqué lo hacía hasta que prosiguió—. Se pone un poco sobreprotector cuando se trata de mí. Cree que todavía soy un crío y que todas las chicas va a lanzarse a por mí y mi dinero —bufó antes de darse cuenta de lo que había dicho entonces se sonrojó furiosamente y volvió a disculparse pero esta vez yo le sonreí para calmarlo.
—No me molesta —le dije divertida—. Tienes un tío interesante.
—Más bien es un dolor de culo cuando se pone en plan protector pero lo quiero.
Su lado tierno hizo que mi sonrisa se ampliara pero cuando comenzó a acercarse a mí, mi corazón latió de prisa por su cercanía.
Pero justo cuando nuestros alientos estaban chocando la bocína sonó haciéndonos dar un respingo y apartarnos uno del otro.
Los dos dirigimos nuestros ojos hasta el sonriente Aitor. Sin embargo Santi lo fulminó con la mirada.
— ¡Apresúrate chico, se hace tarde!
Santi gruñó de inmediato volviendo sus ojos a mí antes de hablar otra vez.
—Lo dicho, un dolor en el culo ¿Te veo mañana? —murmuró ahora y yo le sonreí una vez más asintiendo.
—Hasta mañana.
Él me devolvió la sonrisa y dejó un suave beso en mi mejilla que me hizo estremecer para darse la vuelta e ir hasta el asiento de copiloto mientras le gruñía algo a su tío quien no había parado de sonreír divertido.
— ¡Gracias por traerme señor Escarrá, adiós!
Vi brillar algo extraño en sus ojos pero no le presté demasiada atención.
—Adiós, Ali.
Su tono masculino por alguna razón hizo que mi corazón diera un vuelco y enseguida corrí a refugiarme en mi casa con el pulso latiendo descontrolado, bastante confundida porque al parecer no era por Santi que me encontraba así.
Sino por su tío, contemplé asustada pero me negué a creer eso y fijé mi mente en otro pensamiento.
Como que Santiago mi crush había intentado besarme dos veces hoy ¿O me lo había imaginado?
Solo que mi cabeza se dirigió a otro lugar que no era Santi, muy a mi pesar.
El recuerdo de la sonrisa de Aitor Escarrá comenzó a reproducirse en mi cabeza incluso aunque sabía que estaba mal pensar en un hombre mayor que yo.
Pero ¿Realmente alguien puede culparme?