Alondra No llores. Me dije a mi misma mentalmente mientras me acomodaba en mi aciento. No sé cuantas horas llevábamos viajando pero ni siquiera un segundo había dejado de pensar en Aitor. Él había venido por mí. Había dicho que Salomé lo había besado... Puede que ella lo hubiera besado pero lo que ella había dicho sobre sus sentimientos ha sido un golpe duro de dejar pasar. No quería ser una confusión para él y que más tarde se arrepintiera por haberme escogido. Nunca querría que eso sucediera. Mientras me alejaba de él podía sentir como mi corazón se destrozaba con cada paso al mismo tiempo que sentía su mirada sobre mi. Pero no fui lo suficientemente valiente como para verlo y no correr a sus brazos anhelando su toque mágico. El tiempo pasaría ambos creceríamos y entenderíamos

