AITOR Estaba tan perdido. Habíamos tenido una de las noches más maravillosas del mundo. Aún podía sentir los besos perfectos de Alondra, sus caricias marcándome a fuego aún sin saberlo. Nuestros gemidos mezclándose en la habitación donde solo estábamos los dos sin importar el resto del mundo afuera. Después de cinco años lo único que quería es estar con ella por muy patético que sonara. No he dejado de amarla y este sentimiento es algo que yo no puedo ocultar por más tiempo. Pensé en decirle todo lo que sentía por ella la noche anterior mientras acariciaba su tersa piel perfecta sin embargo al verla caer profundamente dormida contra mi como si no hubiera nada más que le preocupara decidí dejarla dormir, ya tendríamos tiempo para hablar. Deposité un beso en la coronilla de su cabeza

