JOHNNY LEWIS —No se ha movido de ese lugar desde hace dos días —me informó el oficial en cuanto me llevó hasta la celda donde Amber se encontraba—, se niega a comer, a ir a bañarse e incluso a hablar; solo pasa repitiendo una y otra vez el nombre de un tal Byron. Asentí, al escuchar todo aquello. Amber se veía realmente mal, se encontraba sentada en una esquina de aquella celda, con sus rodillas abrazadas a su pecho, mantenía su cabeza hundida entre las mismas y sus hombros subían y bajaban levemente. Se me cerró el pecho al verla de aquella manera, dándome cuenta de la gran responsabilidad que yo cargaba sobre mis hombros, de que ella terminara de aquella horrible manera. Literalmente, todo a su alrededor hedía. —Se le acusa de tentativa de homicidio hacia dos personas, por lo que, pro

