BYRON JONES Chelsea aún continuaba dormida, yo me encontraba sentado a su lado, sosteniendo su mano entre las mías mientras esperaba a que despertara. Acaricié su piel con mis dedos, rogando desde el fondo de mi alma que todo saliera bien, necesitaba que nuestra hija se recuperara, ella tenía tanto por vivir, ella necesitaba salir de esto. Ella se removió incómoda, haciendo una mueca de dolor. Estiré mi otra mano y acaricié con suavidad su hombro lastimado, el cual ya incluso se encontraba vendado. Parpadeó en varias ocasiones, tratando de abrir sus ojos, pero, antes de que lograra hacerlo, sus lágrimas nuevamente comenzaron a salir. Un pequeño sollozo salió de sus labios, lo que logró partirme el corazón; esa mujer que se encontraba acostada sobre esa camilla de sábanas blancas, era la

