Helena Lacroix Decidimos que la boda sería para dentro de cuatro semanas. Ni loca aplazaría más la boda, eso dificultaría ocultar lo que estaba creciendo en mí. Si mi madre se enterase de eso, se iba a morir. Aunque a la larga sabría, pero eso me daría tiempo para pensar una mejor excusa. El gran problema era avisarles a mis padres, sobre todo. La última vez que los vi, ambos pensaban que estaba en un “descanso” con Mario. Eso, por supuesto, era gracias a mi bendita facilidad para ocultarle las cosas y me poca valentía para no dejarle en claro que ya no estaríamos junto. Ni en ese momento ni nunca. Ahora, imagino que yo llegase y le dijera que me casaría con otro hombre que apenas conocí hace unos meses atrás iba a ser el golpe de gracia que logrará estirar sus patas. Así me armé de val

