Frontera de la tribu Byakko
SYAORAN
- ¡Cuidado! – Me levanté al ver como aquel oso hería a Liang Xia. Pero lo único que vi fueron las copas de los árboles
- Estás despierto, me alegro – Liang Xia dejó salir un suspiro
- ¿Estás bien? ¿El oso te hirió? – pregunté alarmado, a lo cual ella negó
- Creo que tuviste una pesadilla… La lucha con el oso fue hace dos días – La miré incrédulo – Has estado dormido desde aquel día, te volví a curar, pero… Te quedó una cicatriz en el rostro – Me tendió un traste con agua, en donde pude ver mi reflejo. Tenía una cicatriz que pasaba por mi pómulo, casi llegando a mi ojo – Fue por mi culpa, mi sangre no funcionó tan bien por eso te quedó esa horrible cicatriz, lo siento
- Gracias. Me hace ver más rudo – Reí – Si no hubiera sido por ti, no solo tendría esta cicatriz, sino que pude haber muerto – Liang Xia sonrió levemente – Creo que he descansado mucho, deberíamos ponernos en marcha
- En estos días avancé un poco, te llevé arrastrando en esa manta – Señaló la manta que estaba debajo de mí – Espero no haber tomado el camino incorrecto y habernos perdido
Guardamos el poco equipaje que teníamos y comenzamos a caminar. Gracias a que Liang Xia avanzó en los últimos dos días, en menos de seis horas ya podía ver el palacio de mi tribu.
Faltaban unos cuantos metros cuando Liang Xia se desmayó. Estaba pálida, al parecer se había sobre esforzado no solo por pelear con el oso, sino en el uso de su sangre en mí. Extendí la manta y la enredé en ella, posteriormente la cargué.
Alrededor de las diez de la noche llegamos a la parte trasera del palacio de mi tribu. Por suerte en la parte de atrás casi no había nadie, pues era un simple jardín. Comencé a apartar las ramas, pero me detuve al ver salir a Yu, estaba por ir y abrazarla, cuando Tzao salió detrás de ella.
- ¿Estás bien? – Tzao le preguntó y Yu asintió – No te quedes mucho tiempo afuera, podría hacerle daño al bebé – Tzao tocó el vientre de Yu, y tras un beso Tzao entró. Me quedé paralizado ¿Qué había sido eso?
- ¿Hasta cuándo piensas quedarte ahí parado? – Yu miró en mi dirección – Syaoran – Salí de donde estaba escondido, puse a Liang Xia abajo - ¿No hay algo que quieras preguntarme? – Yo no quería preguntar nada, quería que ella me explicara todo sin pedírselo – Bien, entonces preguntaré yo
- Yu – Susurré. Yu ya no vestía su traje de combate, su peinado sencillo había cambiado a uno más elaborado adornado con hermosos pasadores, ahora vestía hermosas ropas de seda
- ¿Por qué te demoraste tanto? Pensé que estabas muerto – Bufé dejando que el aire de mis pulmones saliera completamente
- ¿Por eso ahora eres la mujer de Tzao? – Me sentía resentido y traicionado
- Un mes, dijiste que esperara un mes y fue lo que hice. Te esperé día y noche… La legión de la tribu Bi Xie dijeron que encontraron a un hombre muerto cerca de las tres colinas, el general Suo reconoció tu cuerpo
- ¿Suo? ¿Desde cuándo fue general?
- ¡¿Eso importa ahora?! ¿No hay nada que quieras decirme? – gritó pero luego bajó su voz, miró hacia a atrás para ver si alguien venía. En lo que llevábamos hablando nunca me miró, siempre miraba hacia otro lado
- ¿Acaso puedo decir algo? No puedo decirte lo que realmente quiero, no te pediré que dejes a Tzao y vuelvas conmigo, porque sé que él puede darte más de lo que yo puedo - Sentía como la rabia subía por mi garganta mientras se forma un nudo en mi estómago
- Syaoran – Al fin me volteó a ver y al hacerlo, me miró aterroriza, apenas se había dado cuenta de mi ropa llena de sangre y mi cicatriz en el rostro, tapó su boca para no gritar. Se acercó a pasos grandes hacia mí. Estaba por tocar mi rostro, pero di un paso hacia atrás. Me miró con ojos llenos de tristeza y enfado – Bien, si eso es lo que quieres… No vuelvas a aparecer frente a mí, por favor
- No te volveré a ver, no veré a la mujer de mi mejor amigo. Pero antes de que no nos volvamos a cruzar de nuevo, dime – hice una pausa, tenía miedo oír la respuesta - ¿Es de Tzao? – Señalé su vientre, Yu dejó salir sus lágrimas que ya desde hace rato llevaban acumuladas en sus ojos
- Si es tuyo o no lo es, ya no tiene nada que ver contigo – Mordió su labio para detener el llanto. Saqué mi cuaderno donde había dibujado todos los paisajes durante mi viaje de ida y regreso al valle de las luciérnagas y se lo entregué, lo hojeó y me miró lastimosamente – Lo siento Syaoran – Tras aquellas palabras entró al palacio