CAPITULO VI

470 Palabras
LIANG XIA Alisté la bañera y le eché una de mis fragancias favoritas. Estaba por comenzarle a quitar la ropa cuando mi puerta se abrió de golpe. - ¡Xia! – Me levanté de un brinco - ¿Qué crees que haces? - Papá, te he dicho que odio que los maten, tú me prometiste que si llegaba antes de que lo mataran lo dejarías vivir – Miró a la persona que estaba en mi cama - ¿Lo curaste con tu sangre? - No respondí - Xia ¿Sabes lo que significará ahora? – Lo miré no entendía a qué se refería – Xia, la razón por la cual no ayudamos a ninguna persona es porque cuando lo hacemos creamos un lazo con ellos… ¿Sabes que pasará? – Negué – Puedes… – mi padre no continuo con la frase -  Te has confiado de esta persona ¿Y si entró aquí como un infiltrado? - Él no es así, lo presiento. Dijiste que tomara a alguien como sirviente, eso haré – Apunté al forastero - Lo quiero a él como mi sirviente - Después de que se despierte, debe dejar el valle – Mi padre se fue, acto seguido entraron personas y se llevaron al forastero. Después de unas cuantas horas regresaron con él, con su piel libre de tierra y lodo, y con ropas nuevas - Hola – Sonreí - ¿Estás bien? – No respondió – No tengas miedo, no te haremos daño - ¿No me harán daño? – Por fin habló, pero con un tono sarcástico – Intentaron matarme - No, claro que no– Le enseñé mi dedo –  Mira, te curé. Cierto de seguro no sabes quiénes somos – Lo miré pensativa – Te lo diría, pero mañana tienes que abandonar este lugar – No me había dado cuenta, pero era muy atractivo - ¿Irme? – Repentinamente su voz cambió, a una más dócil - ¿No puedo quedarme? Deserté de mi tribu, pensaban que era un descendiente de los fenghuang – Abrí los ojos cuando dijo aquello - ¿Fenghuang? Pero ellos son una r**a extinta – reí nerviosamente - ¿Y por qué pensaron eso?   - No estoy seguro, ni siquiera sé algo sobre los fenghuang… Por favor ayúdeme Había algo en esa persona que me decía que lo mantuviera a mi lado. Lo salvé no podía ignorarlo ahora que pedía desesperadamente mi ayuda. Cuando cayó la noche fui a hablar con mi padre, le dije todo lo que me había dicho y se quedó igual que yo, sorprendido. Estuvimos debatiendo por casi dos horas, hasta que finalmente aceptó, con la condición de no hablarle sobre nuestros dones ni decirle quienes éramos en verdad, además de que no podía estar a solas con él por seguridad. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR