Salgo de clases cargando mis libros. Hoy me quedé dormida y mis amigas me dejaron atrás, no me dió tiempo de llegar a mi taquilla en la mañana para y para colmo no podide disfrutar de mi frapuccino mañanero. Ahora tengo un humor de perros y muchos libros por cargar. Voy por el pasillo pisando fuerte por culpa de mi molestia. Avanzo sin pedir permiso, atropellando a cualquiera que esté en mi camino. Mi reducido tamaño se ve compensado por mi cara de perro rabioso, por los que muchos al verme pasar se apartan de inmediato. Llego al final del pasillo y justo cuando voy a girar a la derecha en dirección a mi taquilla, diviso a Aron parado justo al frente. Por un segundo creo que me está esperando, hasta que me doy cuenta de que se encuentra hablando con un chico. El otro le comenta algo que

