No tardo mucho en ver al enorme chico pelinegro acercándose. Su cabeza sobrepasa a la media, por lo que parece un foco de luz en medio de la multitud de estudiantes. Camina hacia mí tranquilamente y me sonríe cuando se cerca. —Hola — murmura alegremente al ver que le devuelvo la sonrisa. —Hey —le respondo el saludo. Aron se queda en silencio unos minutos antes de echar un vistazo a su alrededor para luego centrar toda su atención en mí. —¿Estás ocupada? Me gustaría ir a tomar un café, si quieres puedes venir conmigo. Tardo unos segundos en contestarle. —Bue...bueno, vale —tartamudeo por culpa del nerviosismo repentino que me domina. —Genial. Hay un lugar por aquí cerca que tiene los mejores en la zona. Ni siquiera necesitamos un coche —me informa, y es notable la emoción que le prov

