—Vamos, por favor —murmuro con mi frente pegada a la suya. —No me gusta fingir —se queja y roza mis labios con los suyos. —Se que no es agradable usar máscaras, pero a veces es necesario para sobrevivir —acaricio suavemente sus mejillas con mis uñas. Pega su boca a la mía y me besa delicadamente antes de asentir en acuerdo y separarse de mí. Tomo una bocanada de aire y luego encabezo el camino hacia el salón de mi enorme casa. Llevo puesto uno de mis antiguos vestidos. Este tiene un escote pronunciado en forma de corazón, la espalda es completamente abierta a excepción de algunas finas tiras entrelazadas que mantienen la tela ceñida a mi cuerpo. La ceda cae desde mis caderas libre hasta el suelo y forma una cola que se arrastra por este detrás de mí. Dos aberturas verticales a cada lad

