CAPÍTULO VEINTISÉIS Royce cabalgó toda la noche guiando al grupo de aldeanos, todos cabalgando por entre los bosques locales que conocían muy bien; y todos determinados a no descansar hasta que llegaran a los pozos y salvaran a Altos, Mark, y Rubin. Con el sonido de los caballos llenándole los oídos, Royce miró hacia atrás y se sorprendió al ver que la multitud que lo seguía estaba creciendo. Campesinos se les unían de cada lugar por el que pasaba y de pueblo en pueblo. Ya casi llegaban a los cien hombres. La mayoría eran granjeros, hombres fuertes de buen corazón, aunque no eran peleadores entrenados. Eran muchachos que Royce había conocido al crecer, primos, amigos de Genevieve y de él, muchachos a los que había conocido toda su vida. Eran muchachos en los que podía confiar. Y por ahor

