Ella arrugó la nariz. —Preferiría que trajera chocolates—. Me reí y asentí con la cabeza en señal de acuerdo. —Estoy de acuerdo, el chocolate resuelve muchas cosas—. —Seguro que... Hablaré con él, lo prometo. Pero si me enoja, es posible que necesites unas pinzas para sacar lo que sea que le metí por el culo—. Ella se rió y luego volvió a mirar su mano de cartas. —¿Tienes algún tres ?— *** El día siguiente era jueves, lo que significaba día de entrenamiento. Me desperté temprano, junto a Phoenix quien, después de vestirnos, se fue a entrenar a los hombres. Sean estuvo con las mujeres hoy y después de pasar una hora afuera corriendo por el terreno de la manada, el grupo nos detuvimos en los campos de entrenamiento. Mis ojos encontraron a Phoenix que estaba en medio de un juego de lo qu

