El momento ha llegado. Todos los presentes están sentados en sus respectivas mesas, distraídos con algún trago y/o entremés. Yo, por supuesto, tengo un asiento privilegiado, justo al frente del podium, junto al futuro Presidente de Onassis Architecture. A diferencia de los demás, yo no estoy ni comiendo, ni bebiendo. Estoy decidida a acabar con esta farsa de una vez por todas. Giro mi rostro a mi izquierda y veo a Zoey y Colin muy compenetrados entre ellos, destilando amor, el tipo de amor que pensé haber encontrado todo este tiempo en Eliot. Pero Eliot fue un espejismo, nada más. En él plasmé mis ideales de hombre perfecto y con ello cubrí la fachada de un hombre que además de ser egoísta, vanidoso y manipulador, es también un mezquino y maquiavélico de primera. —Las cosas no salieron

