Capítulo 01
31 de Diciembre de 2013, 11:34 P.M.
—Britta Jackson. La chica estaba buena pero en la cama era un témpano de hielo— Dice Eliot después de que Will le preguntase con quién ha tenido su peor experiencia en la cama. Los chicos ríen, me imagino que deben tener una broma entre ellos que ni Louisa, ni Carla, ni yo logramos pillar. Nosotras reímos porque sus carcajadas resultan contagiosas.
—Va, mi turno— Prosigue Eliot después de beber un shot de tequila —Carla, Carla, Carla ¿verdad o reto?— Alza una ceja expectante. Yo muerdo mi labio inferior. Es que se me hace condenadamente irresistible.
—¿Reto?— Responde con timidez.
Pobrecilla, ella ni siquiera debería estar aquí, acaba de cumplir dieciocho años pero parece tener quince. Ha venido porque sus padres están en Suiza, el vuelo se atrasó por cuestiones con el clima y no han podido retornar a casa para año nuevo, así que le han pedido a Tony, su hermano mayor, que la cuide. Tony, por supuesto, no sacrificaría sus interés personales por nadie, ni siquiera por su hermana así que ha preferido traérsela a la fiesta que dejar de asistir. —Desnúdate— Dice con un tono de voz serio. Hay un basto silencio.
—Eliot, no creo que...
—¡Es broma, Tony!— Suelta Eliot acompañado de una carcajada y le da una palmada en la espalda a su amigo —Solo quería ver tu reacción— Vuelve a reír y todos reímos con él, todos menos Carla, su rostro aún está pálido. Eliot toma una cerveza de la mesa de en medio y se la arroja a Carla, logra atraparla entre las manos por suerte —Bébela, sin parar, hasta que acabes— Dice con una expresión aburrida, le frustra no poder retar a la chica a algo más desenfrenado.
Carla destapa la lata y empieza a ver con los ojos cerrados y el entrecejo arrugado, me pregunto si podrá cumplir el reto: “Vamos, hermana. Tu puedes” Le suelta Tony. “Vamos, vamos, vamos” empezamos a corear a una misma voz hasta que la chica, con los ojos rojos y las lágrimas a punto de brotar tira la lata vacía. Lo ha hecho. Todos vitoreamos. Qué gran noche.
No me arrepiento de haber venido. Eliot es el estudiante más popular del campus de Harvard. Viene de una familia pudiente, es inteligente y además extremadamente guapo. Su cara de chico bueno esconde su temple, su buen humor y sus recurrentes ganas de divertirse. Yo le conozco muy bien, estudiamos juntos en la secundaria y después coincidimos en la Universidad.
Él es el Presidente de la fraternidad Kappa Beta y por lo tanto, como es tradición, es el encargado de organizar la fiesta de fin de año en el campus. Hace veinte días recibí la invitación, como todos los años, pero esta es la primera vez que asisto. Anteriormente prefería irme de viaje con mis padres y pasar año nuevo y mi cumpleaños con ellos pero esta ocasión es diferente, tengo planes para esta noche. He decidido que hoy, cuando el reloj marque las doce, cumpliré veintiún años y perderé la virginidad con Eliot. Lo tengo todo planeado.
Hoy, antes de venir a la fiesta me he detenido frente al espejo y he dicho: “Mirate, mira qué guapa. Esos ojos azules, esa melena dorada. Esa cintura que hasta Audrey Hepburn envidiaria. No hay forma de que Eliot se resista a tus encantos”. Me he puesto un vestido dorado ceñido al cuerpo, tacones del mismo color y he venido con las claras intenciones de hacer el amor con Eliot. Cuando él finalmente se de cuenta de mi valía no me dejara ir de su lado pero para que eso pase, necesito un poco de ayuda.
Con un gesto con mis ojos, le hago seña a Louisa de que ponga la segunda parte del plan en marcha.
—¿Qué tal si jugamos Siete Minutos en el Cielo?— Sugiere mi mejor amiga después de captar lo que intento decir.
—¿Qué edad tenemos? ¿Quince?— Bromea Will.
—No, pero hemos pasado toda la noche comportándonos de tal manera— Dice Eliot y todos reímos —¿Sabes qué? Me gusta la idea.
—¿Qué tal Pauline y tú?— Suelta Louisa. Mi corazón se acelera.
—Esta bien— Se encoge de hombros y mientras se pone de pie, yo siento que me voy a desmayar.
No sé si lo ha notado pero me extiende la mano para ayudarme a ponerme de pie. Caminamos entre la gente dando trastadas, la casa de la fraternidad está a reventar. Hay gente, ruido, humo y licor por todos lados. Pero Ethan me guía hasta el deposito bajo las escaleras. No es precisamente lo que tenía en mente, pero es tan pequeño que su cuerpo y el mío se rozan así que tampoco está tan mal. Él enciende la luz y se recuesta de unas cajas. Yo trato de contener una sonrisa.
—Creo que mi yo adolescente ahora mismo estaría gritando de felicidad— Trato de sonar muy calmada.
—¿Y eso por qué? —Porque cuando estudiamos juntos en la secundaria, estaba secretamente enamorada de ti. Pero, súper enamorada— Suelto queriendo sonar despreocupada pero haciendo énfasis en mis palabras —Qué tontería ¿no?— Pongo los ojos en blanco fingiendo indiferencia.
Este es el momento en el que me imagino que acaricia mi mejilla, me sonríe de manera hipnotizante, se acerca a mi para besar mis labios y decirme “Cómo no pude darme cuenta antes de lo que sentías por mi. Pero aún podemos recuperar el tiempo” pero en su lugar me dice:
—Menos mal qué ya no lo estás. No querría romper tu corazón.
—¿A qué te refieres?— Digo intentando mantener la compostura.
—No eres mi tipo ¿Vale? Es cierto que tu familia es gente de bien como la mía, eres una buena chica y muy hermosa también pero si eres popular es gracias a eso, tu cara bonita. Yo necesito algo más que eso, después de todo, dentro de muy poco llevaré la batuta de los negocios familiares.
—¡Pero si voy a Harvard igual que tú!— Exclamo aturdida.
—Ya. Pero todos saben que te admitieron porque tu papá fue decano de la Universidad por muchos años. No es un secreto para nadie que detrás de esa cara y ese cuerpo...— No hay nada. No lo dice, solo se encoge de hombros pero no hace falta que pronuncie las palabras. A diferencia de lo que él piensa, no soy ninguna tonta. Puedo entender lo que ha querido decir.
—Es verdad— Me encojo de hombros también —¿Para qué esforzarme si siempre he tenido lo que he querido y lo seguiré teniendo?— Él ríe, yo también —¿Sabes qué? Voy a salir, no se me da bien estar en lugares encerrados tanto tiempo y menos aquí, quién sabe cuantas cosas habrán ocurrido en este agujero— Digo tocando la punta de mi nariz con mi dedo, el lugar apesta a hierba y sudor. Es desagradable.
Cuando salgo camino hasta nuestro grupo de amigos. Todos vitorean como si acabase de suceder algo entre nosotros, lo que no saben es que lo único que ha ocurrido es mi última gran decepción del año.
—Louisa, me voy— Le susurro a mi amiga al oído. Ella sonríe de forma pícara pero cuando ve que empiezo a andar sola me toma de la mano y me detiene.
—¡¿Te vas sola?! ¡¿Por qué?!
—Porque soy una rubia tonta, nada que ver con el tipo de chicas que le gusta a Eliot.
—¿Qué?— Pregunta confundida. Sé que Louisa no ha entendido, no me importa. Ya tendré tiempo para darle los detalles. Ahora solo quiero alejarme.
—Luego hablamos ¿sí? Ahora necesito aire fresco— Ella asiente, me da un beso en la mejilla y vuelve al sofá con los demás.
Yo camino por las escaleras, subo a la segunda planta y camino hasta el balcón al final del pasillo. Justo a tiempo para ver la exhibición de fuegos artificiales —Feliz cumpleaños para mí— Susurro.
—¿Cómo es cumplir años un primero de enero?— Escucho una voz masculina decir tras de mi. Yo brinco del susto, literalmente. Llevo una mano a mi pecho que sube y baja apresuradamente —Lo siento, no he querido asustarte.
De una de las esquinas del balcón, de la completa oscuridad, aparece un hombre ¡Vaya hombre! Ahora que está frente a mi, gracias a los reflectores del jardín y los fuegos artificiales lo puedo apreciar mejor. Es alto, muy alto, fornido y de tes blanca; tiene el cabello castaño oscuro y lleva barba, corta pero muy poblada. Podría definirlo como un híbrido entre dios griego y guerrero vikingo. Es condenadamente atractivo.
—Si no querías asustarme, has fallado estrepitosamente.
—Perdona, de verdad. Es que me resultó curioso lo que has dicho porque siempre me he preguntado cómo es cumplir años el primero de enero cuando todo el mundo está sobreviviendo a la resaca de la noche anterior ¿haces fiesta? ¿alguien tiene ánimos de ir a esa fiesta?
—Por supuesto que sí— Digo ofendida —Mis papás siempre han organizado mi fiesta de cumpleaños para que empiece la noche anterior hasta el día siguiente, como año nuevo— Le veo asentir tratando de disimular una sonrisa —¿Qué es gracioso?
—Eso para mi suena a una fiesta de año nuevo.
—Pues es mi fiesta de cumpleaños— Le replico.
—Vale, lo que tu digas— Dice en un tono calmado y camina hasta la barandilla del balcón, parándose justo a mi lado
—¿Y qué ha pasado este año?
—Mis padres han decidido viajar a París y yo no he querido— Miento a medias. Han decidido viajar en último momento porque he decidido pasar año nuevo fuera de casa.
—Problemas del primer mundo— Suelta con ironía —Decidir entre viajar a París para año nuevo o quedarse en Harvard.
—Tengo suerte, es verdad— Digo con orgullo. Él me mira sabiendo que suerte no es el calificativo más idóneo —Vale, tengo privilegios— Él sonríe. Extrañamente yo sonrío también.
—Pero no ha salido muy bien el plan, has corrido a recibir el año en el lugar más recóndito de la casa.
—Extraño a mis padres— Ahora mismo lo hago.
—Pues yo puedo ofrecerte compañía y una copa de vino blanco, es mi regalo de cumpleaños— Bromea. Yo suelto una risotada.
—¿Qué hay de ti? Tampoco estás muy que gusto, de otra forma no estuvieses aquí escondido en las tinieblas.
—Me gusta estar solo, es la verdad. Sobre todo en una fiesta de adolescentes— Bromea.
—¡Hey!— Exclamo pretendiendo estar ofendida —Aquí todos tenemos veintiuno, incluyéndome— Excluyendo a la hermana de Tony.
—Pero ninguno tiene veinticuatro— Supongo que esa es su edad.
—Bueno, esta es una casa de fraternidad, no un geriátrico— Muerdo mi labio para no soltar una carcajada pero es él quien se ríe, le ha gustado mi broma y yo como una tonta me sonrojo.
El empieza a caminar del rincón donde salió y me giro para verle, me percato que hay una mesa redonda y dos sillas frente a esta. En efecto, hay una botella de vino y una copa, él me la ofrece. No he bebido en toda la noche, porque quería estar sobria para el gran momento pero supongo que después de todo, una copa no me vendrá mal.
—¿Qué hay de ti?— Le digo cuando tomo la copa. Él se encoge de hombros y bebe directamente de la botella «Puaj, qué ordinario»
—Toma asiento, no muerdo— Él se sienta en una de las sillas y apoya los pies sobre la mesa con brusquedad. Eliot moriría si ve lo que este hombre le está haciendo a su preciada mesa de mármol. Me siento junto a él, cruzo las piernas y mantengo mi espalda recta. «Esto, es sentarse correctamente».
—¿También estudias en Harvard?— Le cuestiono mientras doy un sorbo al vino.
—No, me gradué hace dos años ¿Qué hay de ti?
—Adivina que estudio.
—Es imposible determinar qué estudias solo por tu apariencia.
—Claro que no— Chillo.
—Podrías decirme que estudias astronomía, medicina o diseño de modas, cualquiera de las tres me las creería.
—Estudio literatura inglesa— Suelto con orgullo.
Él alza las cejas como si estuviese impresionado, creo que no se lo esperaba.
—No me digas ¿eres una lectora empedernida que sueña con trabajar en una editorial?
—De hecho no— Frunzo mi entrecejo y niego —Quiero ser escritora— Suelto y callo enseguida sorprendida de que esas palabras salgan de mi boca sin tapujos, es la primera vez que confieso mi mayor sueño en voz alta, a alguien más.
—Salud por eso— Dice alzando la botella y dando un sorbo.
—¿Eso es lo que vas a decir?— Cuestiono confundida —¿No te vas a reír o algo?
—¿Crees qué tu sueño es una broma?
—Desde luego que no.
—¿Entonces por qué tendría que reírme?
«Porque es a lo que más temo» Durante años mi imagen ha sido una misma, Pauline la chica divertida, extrovertida y popular que todos admiran. Los chicos a mi alrededor quieren estar conmigo y las chicas quieren ser como yo. Pero en esa imagen que todos conocen no hay atisbo de la Pauline que lee, que escribe, que genuinamente disfruta de las letras. Es por eso que para Eliot y todos los que me conocen soy solo una chica llena de privilegios, no tanto de virtudes.
Una bulla me saca de mis pensamientos y yo trato de no hacerme notar. Me dejo rodar en el asiento para que no puedan verme, no sé si es Eliot y su escuadrón pero tampoco quiero averiguarlo.
—¿No hay un lugar más... Privado?
Él asiente y se pone de pie. Con un gesto me pide que lo siga. Yo dejo la copa junto a la mesa y empiezo a caminar a su lado, en el pasillo alza una mano, abre una puerta y rueda las escaleras del ático.
Debo estar muy loca para subir allí con un desconocido que tiene toda la pinta de poder asfixiarme con una sola mano. Cuando empiezo al subir las escaleras me detengo para decirle que no mire lo que no se le ha perdido, pero mi sorpresa es que está mirando hacia un lado. Sigo ascendiendo y me impacta la pulcritud del lugar. Hay mantas y colchas en el piso y libros por doquier, es un auténtico paraíso.
—¿Cómo sabias de este lugar?— Le cuestiono cuando el también acaba de subir.
—Tengo mis contactos— Se limita a responder. Se saca los zapatos para no pisar la colcha y se deja caer en esta apoyando su espalda contra la pared. Si él se toma tal libertad, pues yo también.
Me deshago de mis zapatillas de tacón y me siento a su lado.
—He venido muchísimas veces a esta casa, no sabía de este lugar— Confieso.
Estoy ensimismada con las paredes llenas de estantes de libros, todas, excepto donde estamos recostados, están cubiertas de libreros. Donde nos hemos sentado hay una colcha azul marino, una manta azul claro y luces a juego. Me imagino que es el sitio de lectura del afortunado que suba a este lugar.
—Tu eres la experta, recomiéndame un libro de esos que están allí— Señala una pila que está a mi lado. Yo observo los títulos en el lomo de cada libro y apunto él que está de cuarto:
—La letra escarlata es la heroína incomprendida por referencia. Siempre he querido saber si la historia de Ana Bolena inspiro un poco este libro. Oh— Dejo escapar cuando me topo con el último libro —El Gran Gatsby es un clásico.
—Ese lo he leído. Me resulta imposible odiar a Daisy— Dice haciendo referencia al personaje protagonista —Gatsby tampoco estaba muy bien de la cabeza.
Yo río y él también. Luego hay un silencio prolongado donde sólo nos miramos.
—Esta noche pensé que me acostaría con el chico de mis sueños y en cambio estoy en un ático con un desconocido— Digo tras un ataque de sinceridad.
—Un desconocido que te ha hecho reír y es terriblemente apuesto, además.
Oh, sí. Terriblemente apuesto. Tan apuesto que sucumbo en el deseo y me abalanzo hacia el para besarlo. Sus labios responden automáticamente a los míos. Poso mis manos en su cuello y él atina perfectamente a tomarme por mi cintura, lo hace con tanta fuerza que me veo obligada a moverme para acomodarme sobre su regazo. Su beso es gentil, pero intenso, yo no pienso y cuando no pienso actúo desde la irracionalidad. Mi lengua busca hacerse paso en su boca y él no pone resistencia. Sus manos acarician mis muslos haciendo que mi vestido ascienda. Hemos pasado de la primera a la tercera base en cuestión de minutos y yo no tengo problemas. No sólo parece un dios griego, besa como tal.
Me separo de sus labios solo porque necesito tomar aire pero él sigue recorriendo mi cuerpo con sus labios, besa mi cuello mi hombro y yo me estremezco. Estoy muy excitada y no pienso con claridad. No quiero hacerlo o de otro modo esto no estaría pasando. Mis manos temblorosas bajan hasta la pretina de su pantalón y abro el botón. Él me detiene.
—¿Estás segura?
Yo asiento rogando no parecer tan necesitada. Entonces él se gira para que yo pueda apoyarme sobre la manta y él se acomoda sobre mí. No es la primera vez que llego a los besos y algo más con un chico, de hecho, soy yo quien siempre detiene la jugada porque lo que está a punto de ocurrir se supone que debía suceder solo con Eliot pero la verdad es que nunca había sentido tantas ganas de estar con alguien. Dejo escapar un gemido cuando siento sus manos en mi parte íntima. Va a suceder. Va a suceder. Muerdo mi labio inferior ya me arqueo mientras agonizo gracias a sus movimientos. De algún lugar, probablemente de su pantalón, saca un sobre plateado, el famoso sobre plateado y antes de volver al la acción sufro de otro ataque de sinceridad:
—Espera.
—¿Sucede algo?
—Soy...— Muevo mis labios pero la palabra no sale de mi boca —Nunca he estado... Ya sabes— Él calla y yo muero.
Pienso que se ha arrepentido, que saldrá corriendo y como él todos los hombres que se me acerquen. Moriré virgen, y la culpa es de Eliot. Es un hecho. Pero en su lugar dice:
—¿Estas segura que quieres continuar con esto?
Yo asiento y él instantáneamente se convierte en un auténtico caballero, sus besos se vuelven más lentos, su piel contra mi piel es una suave caricia. Es como si mi cuerpo fuese un lienzo donde está tratando de plasmar su obra maestra.
Durante años he escuchado cuan aterrador, doloroso y decepcionante puede llegar a ser la primera vez. Por eso esperé por Eliot, porque quería que fuese con el chico de mis sueños, quería que fuese perfecta. Pero he perdido la virginidad con un desconocido que me ha elevado al cielo, de donde él, aparentemente ha bajado.