Chat Noir Salimos del agua y el frío nos salpicó como una hostia en la cara. La noche había entrado y el bosque a estas horas era como un témpano de hielo. Había pasado de estar abrasándome literalmente a congelarme. Me giré hacia Marinette que temblaba de frío, me acerqué a ella y la envolví con mi brazo derecho para darle calor. La escuché soltar un pequeño quejido de dolor y pronto caí en la cuenta de que su brazo estaba herido. Miré hacia delante, topándome con la inmensidad del bosque. No se veía una mierda y para colmo el humo es expandía y no nos dejaba ver más allá de nuestros pies. —¿Te acuerdas del camino que cogiste para venir aquí?—le pregunté. Si no recordaba mal, la última vez que estuvimos en una situación como esta, ella dejó señales que nos ayudaron

