Amar y ser amado había sido una experiencia que Layla no creía poder superar, pero esa tarde, con su hija en un huequito de la cama, sus hermanos tomando turnos para comer, su esposo arrullando a alguno mientras cuidaba de ella. Esa tarde con la luz del sol, su familia entrando y saliendo a felicitarles y llenarles de amor. Leonel se había quedado dormido casi a las tres de la mañana, y cuando sus hijos lo llamaron, Leonor despertó a su madre preocupada. —¿No les vas a dar de comer? —preguntó la princesa y la reina se movió. —Sí, pero podrías llamar a la enfermera, Leonel está encima de mí. —Creo que ustedes dos son buenos papás —opinó la princesa y fue a llamar a la enfermera. Esta le explicó a la reina la técnica y la instó a moderar a su pareja para poder darles a dos mientras ella

