Layla había ido a su habitación con la intención de alistarse, sin embargo, prefería asegurarse de que su esposo y Selene estuviesen un poco menos desanimados. La joven mujer en la cama lloraba desconsolada y su marido estaba sentado en una silla escuchando el llanto de su esposa. Le pesaba saber que la felicidad era tan frágil, que los sueños desaparecían de esa forma tan injusta, tan rápida y rítmica.
Layla ingresó a la habitación y los observó a ambos. Se acercó primero a Selene y se acostó a su lado en la cama, la abrazó y le hizo una seña a Kamal para que se acercara. El príncipe se acostó en el borde de la cama, bajo los pies de su esposa, los sujetó y los dos lloraron sonoramente mientras Layla buscaba la manera de consolarles.
—¿Qué es lo que les han dicho?
—Aparentemente, tiene algo en los huesos, osteogénesis imperfecta, sus huesos no se forman bien, duele, se quiebran, está pasándolo fatal —dijo Kamal.
—¿Y cuál es el tratamiento?
—Dependiendo del grado, un aborto —dijo Selene desilusionada por completo—. Yo sabía que algo no estaba bien.
—Escucharemos todas las opciones.
—No duran mucho después de nacer, Layla. No hay opciones.
—Las hay, Selene. En unos años, podemos comprar un óvulo y tendrán otro bebé, uno genéticamente estudiado para preimplantación. Lo podrías llevar tú, podrás verle crecer y le amarás tanto como a Raj, Alan e Isla. Esto es difícil y sé que sientes que te mueres, pero a la gente excepcional nada le es fácil. Ustedes gozan de algo maravilloso, el amor. Saben cuánta gente está buscando el amor que ustedes tienen, cuántos desean ser así de amados. Tienen el uno al otro y habrá un bebé en el momento menos esperado. Llora porque es algo que querías y no puedes tener, pero no permitan que les quiebren.
Kamal estaba agradecido por las palabras de Layla, por la serenidad que demostraba. La joven pidió la cena para Selene y Kamal, y los dejó a ambos acostados en la cama. Luego fue a cambiarse y alistarse para ir a casa de los Westborn.
La familia estaba reunida al completo, en espera de los príncipes de Tierra del Sol Alzalam y el Desierto. Vieron los tres carros ingresar a la propiedad y salir para recibirles. Layla bajó sola del auto y sonrió hacia el presidente Westborn y su esposo. Se acercó a ellos y los dos realizaron una reverencia, la cual ella canceló.
—A mí la verdad me da vergüenza, guárdenselas a Kamal. Él se ve como el clásico príncipe —los dos rieron y ella les entregó sus regalos.
—¿Qué clase de príncipe es tu marido?
—Súper snob, no ven el auto que pidió —los dos rieron con más ganas.
—Se escucha que has estado mejor.
—Sí.
Los tres caminaron los peldaños de las escaleras mientras la princesa les comentaba que su esposa y Kamal habían tenido un inconveniente médico y familiar que les impedía estar ahí con ellos. Mandaban sus disculpas y sus saludos. En cuanto tocaron el segundo piso, escucharon un grupo de autos acercarse. La princesa se giró y vio a su esposo bajar del auto.
El príncipe caminó apresuradamente hacia ella y le dio un beso en la mejilla a su esposa, estrechó la mano del presidente y después saludó a su mujer.
—Me han dicho que eres de reverencia.
—Sí, pero aquí estamos en familia, ¿no? —los Westborn rieron y les invitaron a su casa.
En el interior les presentaron a varias personas. Layla y Kamal habían sido preparados toda la vida para recibir visitas, aparecer educados, fingir que escuchaban con atención. La joven vio a Leonel y al joven de la cafetería y entonces sonrió, los dos se acercaron e interrumpieron a su tío, quien los vio como si estuviesen locos.
—Caballeros —les saludó—. ¿Ahora eres gay? ¿Con el chico del café? —Leonel y Ralph rieron.
—Este es mi primo, Randolph Westborn, juez y empresario local.
—Qué encantador.
—Estas son mis primas Kamille y Elise.
—Hemos compartido antes—Dice Kamille.
—Sí.
—Tú trabajas para Marcela —comenta Layla y los dos asienten.
Kamal observaba la facilidad con la que su esposa hacía nuevos amigos, y uno de los hijos de Gabriel le pregunta qué tan difícil es tener dos esposas.
—Es un trabajo, es agotador. Cuando una está contenta, la otra está furiosa —todos ríen.
—¿Cómo lo están llevando?
—Fatal —reconoce Kamal—. Layla no quería volver a casa, Selene no quería estar en Azalam. Siempre es una lucha, por enloquecerme.
—¿Y el sexo?
—Hay menos sexo que cuando estaba casado con una sola mujer —todos ríen.
Layla escucha a Kamal y le hace una mirada de advertencia.
Luego pasaron a la mesa y los dos se encargaron de desviar la atención de encima de ellos. Parecían genuinamente interesados por los planes del presidente para su país, para finalizar su mandato.
—Mi tío Isam es el único mandatario feliz de dejar el poder.
—Isam es un hippie —todos rieron—. A quién le gusta perder poder.
—Te dejaremos sentir que gobiernas nuestras vidas.
—Yo ya tengo suficiente de concesiones. Piensa en eso, no me puedo comprometer —todos rieron ante la broma de Leonel.
—Estoy casando a Leonel y a Ralph, a Ralph le tengo esposa, solo necesito arreglarlos. Leonel… bueno, estoy haciendo una selección de candidatas y pronto estaré celebrando la llegada de un bisnieto —todos en la mesa rieron.
—¿Me invitarás a la boda?—pregunta Layla.
—Sí, claro.
—Yo le he presentado mujeres de muy buena calidad, con caderas anchas y muy buenas tetas, para que tengan un montón de hijos y los amante toda la vida, pero Leonel no da el paso.
Todos ríen ante las ocurrencias de Kamille a verdad es que no es broma, sus primas y su abuela han estado trabajando en conjunto muy arduamente en conseguirle una esposa, lo que pasa es que el tipo es completamente selectivo cuando se trata de comprometerse de por vida co una mujer u otra.
—En nuestro país dicen que el que mucho elige, recoge mierda al final. —Comenta Kamal. —Hay que pescar cuando se puede.
—Dice el hombre que se casó con una adolescente —cuenta Layla.
—Dos veces, porque eres mucho mayor que tú.
—Sí, muchísimo, unos doce años—comenta la princesa divertida.
—No seas exagerada, Layla.
—¿Ocho?
—Vale, lo que sea —todos rieron.
—¿Cuántos años tenías cuando te casaste la primera vez?
—Veinticuatro y mi esposa diecisiete. Estábamos esperando un hijo y estamos insoportablemente enamorados, ridículamente ilusionados con el amor.
—Wow, demasiado jóvenes. —comenta Pia. —¿Cómo lo tomaron sus padres?
—Horrible —reconoció Kamal.
—¿Nunca has hecho nada por arreglarlo?—pregunta Layla, porque la princesa parecía ocupar amigos y familia en ese momento y en su lugar tenía exclusivamente a su esposo.
—No, humillaron a mi mujer. Le faltaron al respeto. No quiero que se le acerquen en la vida.
—Kamal es su familia.
—No permito desplantes hacia mis esposas, tú incluida, no voy a buscar nada con su familia, Selene está perfecta.
—¿Y cuánto se llevan ustedes?
—Ahora el príncipe tiene casi treinta y cinco y yo veintisiete.
—Layla, ¿por qué no te habías casado antes? —pregunta Pilar.
—Estaba estudiando —respondió seria—. Es lo que le dije a mi papá mientras paseaba por el mundo.
—Tienes tres carreras.
—Porque en el mundo dan muchas cosas interesantes. Pero cada vez que hablaban de boda, yo hablaba de carreras.
—¿A tu papá le importaba?—preguntó el presidente divertido.
—No, pero mi hermano era un fiel creyente de que las mujeres deben educarse al máximo.
—¿Qué estudiaste?
—Sólo estupideces. Estudié negocios, estudié literatura porque me gustaba, diseño de interiores para ser una buena esposa, y estudié marketing y publicidad.
—Estudiaste historia también.
—Me encanta que te sepas mi currículo, Kamal—Él ríe—. Es una artista impresionante y todo lo dona como si el dinero estuviese para regalarse. Y escribes, aunque no te apetece que la gente lo sepa eres mucho más inteligente de lo que quieres demuestras Layla y por supuesto que no vas a limitarte a ser una esposa aburrida, de las dos, tú definitivamente sabes romper más las reglas.
Las palabras de admiración y respeto del príncipe, hacia su esposa, le dieron el mensaje claro a Leonel y a todos en la mesa, sí, podían estar casados por conveniencia, pero su mujer era intocable, era suya y haría eso constar hasta el último minuto que durase su matrimonio.