Farah fue la primera en despertarse y dio una pequeña vuelta por la casa. Encontró la habitación de sus sobrinos adoptivos abierta y vio a Layla dentro, la que sería la habitación de Alan, el más pequeño de los tres. Ella vio los dibujos en el borde y a su madrastra sentada en una silla observando en silencio el lugar con una sonrisa.
—Serás una madre fabulosa.
—¿Yo?—pregunta Layla divertida.
—Sí, eres atenta, divertida y aparentemente muy detallista —Dice Farah mientras señala los bordes de la habitación.
—No tengo el control de mi vida —le recordó Layla.
—Yo tengo el control de todo, excepto de estar quieta —comentó Farah y se acarició la barriga, pero ¿qué tal si no soy paciente?
—No lo eres.
—Y si no sé escuchar.
—No sabes.
—¿Lo ves?
—Sí, serás una pésima madre, pero afortunadamente los hijos se ajustan a los padres.
—Ya… cuando me toque, puedes decorar su habitación.
—Sí, le pintaré arañas para que no quieras entrar.
—Eres una perra.
—Tú, igual —Las dos rieron y Amir las miró sorprendido.
El pequeño observó con atención la habitación tan bien decorada como la había dejado su cuñada, luego a las dos nuevas amigas.
—¿Todo bien?
—Buenos días —saluda su hermana y le rodea con el brazo, le llena de besos y el pequeño sonríe antes de abrazarle. Luego le da un beso en la mejilla a Layla y le pregunta si ha pasado la noche pintando la habitación para sus hijastros. La joven sonríe y le pregunta su opinión, el príncipe le asegura que los futuros papás estarán muy contentos y las dos mujeres sonríen.
—¿Les apetece desayunar en el jardín? —pregunta Layla.
—Sí, veamos el sol —dice Farah emocionada, y los dos sonríen antes de ir en dirección al primer piso.
El trío se encuentra con la reina, quien va vestida con su ropa de deporte y parece haber tenido un encuentro con sus calorías. Amir sonríe y Eleonor le saluda.
—¿Adónde van, Farah, tú de verdad?
—Sí, yo de verdad me voy a morir, mamá.
—Bueno, allá tú cuando Lorenzo tenga oportunidad de secuestrar al niño y llevarle a montañas rusas peligrosas para su edad —Layla sonríe.
—Buenos días, mi amor —saluda el rey y le da un beso en los labios. —Buenos días, qué tempraneros los hijos del reino.
—Para que veas, ya yo soy otra persona.
—¿Tu hermano?
—Dijo que no es mi esclavo —Su madre rió y le llenó de besos.
—Voy a meterme en la cama de Zair —comentó la mujer.
—¡Kamal! —gritó Elías. —Buenos días.
—Me llama primero y después está dormido.
—¿Me trajiste la ropa? —pregunta el príncipe mientras camina solo con su bóxer, su padre, sus hermanos y su esposa le observan extrañados.
—Buenas, señor, ¿esto qué es?
—Mi casa, mi palacio y mi cuerpo.
—Wow —comenta Farah. —Te ves exquisito.
—Lo sé, lo soy.
—Dios, líbranos del ego del rey —ironiza Layla.
—¿Has terminado? —pregunta Kamal. —¿Se puede ver?
—Ve primero por Selene, si quiere volver a cambiarlo, no hay resentimientos ni nada, es la habitación de sus hijos.
—Iré a correr —Layla rodó los ojos y negó con la cabeza, Farah llamó a la sirvienta y le pidió unos huevos fritos, pan con queso, frutas frescas y unas zanahorias con limón. Su hermano, su padre y su cuñada hicieron sus respectivas órdenes, los cuatro caminaron a la mesa en el jardín mientras ellas y Kamal salían en una expedición a correr. Layla bebió su batido verde mientras escuchaba un poco sobre el trabajo del rey fuera del reino.
—Entonces, ¿es diseñador?
—Textil, y ahora tengo una casa de moda, así que espero que alguno de mis hijos herede.
—Probablemente, yo porque me despierto temprano —comenta y su hermano le da un golpe en la cabeza.
—Buenos días, me he despertado. Yo el hijo mayor, y heredero, único de mi padre —Todas las mujeres rieron, su padre le vio a Zair divertido y le abrió los brazos para saludarle en cuanto se acercó. Layla vio el cariño y el respeto que se tenían ambos, el rey le dio un beso en la frente a su hijo y preguntó si había descansado lo suficiente.
Zair reconoció que había tenido un poco de alergia y la medicación le había tumbado. Todos desayunaron tranquilamente hasta que vieron a los gemelos venir corriendo desde su casa en una fuerte competencia, en pijamas. Los pequeños les dieron un beso y un abrazo a sus abuelos y luego a sus tíos.
—Buenos días, ¿han visto a papá?
—Salió a correr con tu tío Kamal.
—Puede que un tubo se reventara en casa —comenta Ellis. —Y mi mamá está un poco molesta.
—Sí, yo no sabía que no podía subirme ahí —comenta su hermano.
—¿Qué les parece si voy a revisar, así converso un rato con su madre? —propone el rey.
En cuanto se pone en pie para ir con sus nietos y al rescate de su nuera, ve a Selene. La mujer no se ve sonriente y dulce como siempre. Caminan a paso decidido hacia Layla y le preguntan por Kamal.
—Seguro sigue dormido, como el hijo perezoso del rey que es —comenta Zair de broma. —Podemos desheredarle y entregarle el reino a mí.
Farah se ríe y su madre niega con la cabeza. Layla, por otro lado, se dirige hacia Selene.
—Selene, buenos días. —responde la princesa con tranquilidad. —¿Has visto la habitación?
—No, Layla, no voy a
ir a buscarle a tu habitación y agradecería que si tengo un problema con él lo resuelva conmigo.
—¿Quiénes han inundado la cocina de su madre? —pregunta Kamal divertido. —Buenos días.
Todos se quedan en silencio y las miradas se dividen entre Kamal y sus esposas. Farah intenta intervenir y le informa a su cuñada que la princesa se refería a las habitaciones de sus hijos. Selene siente la vergüenza recorrerle el cuerpo y Kayla se queda paciente en su silla.
—Selene, lo siento. No sé qué otra forma existe para convencerte de que Kamal y yo no estamos...
—No se trata de palabras, se trata de miradas y sus comportamientos.
—¿Selene, podemos tener esta discusión en privado?—propone su esposo
—No me da la gana.
—Bueno, a Layla y a mí nos gusta mantener nuestras vidas privadas, de esa forma; privada. Si vas a discutir, será sola.
—¿Explícame desde cuál momento estoy casada con Layla?
—Desde el momento en el que me casé yo con ella y así como no le permito ciertas conductas a mi nueva esposa, te agradezco que, por el amor de Dios, no nos ridiculices a los tres enfrente de toda la familia. ¿Queda claro, Selene?
—La diferencia entre ella y yo es que a mí no puedes prohibirme nada, no me haces ningún favor.
La reina intervino y le pidió a Selene el favor de tranquilizarse y abandonar esa discusión. La llevó al interior de la casa y trató de tranquilizarla mientras preparaba personalmente un desayuno para ella. La verdad, Eleonor no entiende nada de un matrimonio de tres o un marido compartido, lo que sea que ellas dos tienen, pero entiende que es una mujer en un país extranjero con un esposo que cumple los caprichos de todos menos los suyos y por eso intenta apaciguar todos los celos, la ira y el agotamiento emocional en Selene.
El rey sienta a sus nietos sobre las sillas disponibles y les sirve un par de pancakes y té antes de llevar a su tío a su oficina. Kamal está lleno de ira.
—De verdad no entiendo a Selene.
—Es normal estar celosa.
—Sí, eso está bien, pero... ¿Por qué atacar a Layla?
—Porque es parte del problema.
—¿De qué lado estás, papá?
—De ninguno, hijo, es solo… complicado.
—Deberías estar de mi lado. Yo tengo dos esposas locas.
—Sí, pobrecito —comenta su padre divertido y Kamal se queda serio con los brazos cruzados en un rincón de la habitación. —Kamal, te ha ganado un poco la avaricia. Un matrimonio es difícil, ¿dos? Y sabes qué… Selene no está tan alejada de la verdad. ¿Te has preguntado si sientes algo más que “obligaciones” por Layla?