Hoy no tengo ganas de ir al trabajo. Me siento una farsante, además ni siquiera puedo mirar mis r************* , me siento tan mal como cuando entre a Corporación Z, era vivir la secundaria de nuevo, era vivir la universidad de nuevo. Me acompaña una sensación de inseguridad porque no tengo el control, no puedo cambiar las cosas «¿puedo?»
Aunque no quiero ir al trabajo, debo hacerlo, en especial porque ahora soy gerente. Salgo del baño y mientras me visto, noto que mi compañera de apartamento ya está despierta, la oigo mover las cosas, parece que acabará con el lugar. Opto por una camisa fucsia cuello mao y una falda lápiz negra, tacones altos negros y listo. Salgo de mi habitación y cuando llego a la sala, veo a Oliver sentado en el sofá de mi apartamento. Niego con la cabeza y estoy segura de que mis mejillas están coloradas ¿Cómo se atreve? ¿Ahora me acosara?
—¡Buenos días Miranda! —dice sonriente.
—¿Qué haces aquí? ¿Debo preocuparme? ¿Me vas a acosar? —pregunto sin ironías. En este punto, ya temo.
—¡Miranda! Le abrí a tu amigo que vino a recogerte y estaba buscando agua para las flores que te trajo.
La miro con odio profundo, de ese del que no se vuelve, soy pura maldad en este momento. Me muestra las flores, con un gesto tonto en la cara, unos lirios blancos. Hermosos, la verdad.
—Te puedo acompañar al trabajo —dice Oliver.
—Me asignaron un auto, no necesito un aventón.
—Así conversamos Miranda, quería pedirte disculpas por todo y empezar con el pie derecho contigo. Te dejaré vengarte de mí con lo que elijas.
Sonrío por dentro ante su infantil ocurrencia pero me mantengo seria delante de él.
—Discúlpame un momento Oliver, Ana ven conmigo por favor.
Aparto a mi compañera y la llevo hasta la cocina, se sube las gafas en un gesto que demuestra nerviosismo. Sabe que nunca recibo a nadie.
—Me dirás tu Mirada —dice entre risas nerviosas.
—¿Cómo se te ocurre dejar entrar a ese hombre a mi casa? ¿Y si resultaba ser un asesino o violador? ¿O asesino y violador?
Ella me abrió la boca para intentar decir algo, puso expresión de confusión.
—Está buenísimo, es muy bello...yo…
—¿Y un hombre atractivo no puede ser un asesino? —pregunto molesta.
—Sí, supongo que me deje encantar por su buen vestir, buen hablar y eso.
—Que no se repita —le digo y me giro para regresar a la sala de estar.
—¿Y? ¿Te puedo llevar? —inquiere Oliver con cara de que no rompe un plato.
Suelto un suspiro hondo. Niego con la cabeza.
—Solo voy a aceptar porque me interesa mantener en secreto lo que tú ya sabes. Solo por eso, pero debo ser clara contigo.
—Está bien. Vamos y en el camino te explicas —dice satisfecho.
Ya abajo me abre la puerta del auto, lo miro cruzar delante de mí mientras busca subir a su puesto, si es atractivo, un estúpido pero es atractivo, de una forma tierna.
—Dime ¿Qué quieres aclarar? —pregunta directo.
—No me gusta que me persigan, los hombres sabes, que me traten de conquistar, porque eso es muy molesto, no creas que ni en un millón de años yo me voy a acostar contigo, eso jamás va a pasar. No te hagas ilusiones conmigo.
—Entiendo, no tendremos sexo nunca ni en un millón de años ¿Qué más?
—No eres mi amigo. Esto debe ser transaccional. Un favor por otro favor —respondo.
—Concuerdo en todo. Así que no diré nada sobre tu secreto, debo pedir algo a cambio —afirma.
—Sí. Algo concreto, nada de tonterías escabrosas —le advierto y él sonríe.
—Yo solo quiero que vayas conmigo a la boda de César.
—¿Por qué? —pregunto, ya sinceramente me intriga porque insiste en llevarme a mí a esa boda.
—Iker se casó, César se va a casar, y bueno quedamos solteros Tomás y yo, pero Tomás está de novio con alguien que le importa y formalizó con ella. Solo me quedo yo soltero y saltando de aquí allá. Antes eso no me importaba pero ahora me quedo solo yo, y pues me importa mucho. Diré que me pediste que te acompañara. Si vamos los dos juntos, no tengo que buscar a quien llevar, presentarla y deshacerme de ella después.
Lo miro de reojo y parece sincero.
—Hecho.
—¡Excelente! —exclama.
—No debería importarte tanto el que estés soltero.
—¿Por qué mientes sobre tu sexualidad?
Suspiro hondo y miro por la ventanilla del auto.
—¿Recuerdas cuando entre a la corporación?
—Sí, todos estaban alborotados, pendiente de todas las pasantes, porque todas eran muy lindas pero tú, todos hablaban de ti.
—Bueno, hablaban bastante de mí, dijeron cosas horribles acerca de cómo conseguí las pasantías, decían que me acostaba contigo, con César, con Iker, con Andrés, con todos…
—Sí, recuerdo esos rumores.
—Me decían zorra, puta, a veces a mis espaldas a veces con indirectas delante de mí, eran muy hirientes.
—Lo siento mucho, admito que nunca aclaré que ni me saludabas —dice.
Ignoro su comentario.
—Todos los días llegaba a casa llorando. Me sentía muy mal, no había hecho nada, y todos hablaban mal de mí, así que decidí inventar que me gustaban las mujeres para que la gente diera por falsos los rumores anteriores.
Lo oigo reírse con ganas.
—No funcionó mucho —afirma —Decían que igual te tirabas a los hombres si te podían conseguir cosas o si te convenía, y entonces si eras una puta y una zorra pero persiguiendo a las mujeres —dice.
Niego con la cabeza y no digo nada más. Lo sabía, por eso no hablaba con nadie, los odiaba a todos. Sentí ganas de llorar pero me sobrepuse ¿Por qué la gente era tan mala conmigo?
—¿Cómo supiste exactamente dónde vivía? —pregunto para cambiar el tema.
—Alguno de los choferes te trajo alguna vez y nadie me niega nada. Soy encantador.
Ruedo los ojos.
—Solo no digas nada ¿Vale?
—No diré nada. Siento mucho haberte dicho bruja y eso. No creo que estés podrida por dentro, eso fue infantil. Solo has sido víctima de los chismes.
Afirmo con un gesto.
—Siento haberte llamado rata, e insinuar que me pedirías sexo.
—¿De dónde salió eso Miranda? ¿Por qué siempre tan a la defensiva?
—No eres mi amigo. No digas nada, voy contigo a la boda de César y ya. Desde este momento hasta el día de la boda, ni me saludes —advierto señalando con el dedo.
—Retiro la disculpa por llamarte bruja. Eres una bruja —ríe.
Sonrío levemente. Parece que no tratará de acostarse conmigo y hasta creo que me agrada. Llegamos a la corporación y un par de personas se asombran al verme bajar de su auto, él se coloca a mi lado camina sonriente junto a mí. Me siento acompañada e ignoro al resto.
—¿Quieres un café?
Afirmo con un gesto y él me hace seña de que lo siga hasta el cafetín.
—¿Tienes idea de quien propagó los rumores sobre ti?
—Xander, fue esa rata. Lo sé. Pensé que había sido Iker y Macarena pero me juraron que jamás han hablado con nadie de mí.
—Conmigo nunca —confirma Oliver.
—Sí, eso dijeron ellos. Les tuve que creer. Les creo.
—¿Por qué Xander?
—Porque sé que es él. Una vez lo oí decir en la oficina de César: «te ves más puta que Miranda», se lo dijo a Luisa una vez que ella llevaba un vestido ajustado.
—Fue solo un comentario.
Suprimo el llanto de nuevo y disimulo, cambio el tema por el sabor de café que prefiere. Es hombre, nunca me va a entender. No es agradable que se expresen así de una y sea un chiste, cuando ni siquiera había visto un p**o en mi vida. Xander me hirió mucho.
—Un expreso doble y un té de cayena —le dice al chico de la cafetería —. Cayena ¿Cierto? —pregunta.
Finjo que no me sorprende que conozca que ese es mi preferido y es lo que tomo, afirmo con un gesto y cambio de dirección hacia la puerta. Me conduce hasta una mesa y pide galletas. Pero me niego.
—No tenemos que subir corriendo —me dice.
—No, solo que no quiero que me vean contigo. Por el concurso, por las cosas que dicen de mí, no quiero que me vean contigo —digo seria.
Él se pone serio y asiente con la cabeza, hace un gesto con la mano para que me vaya adelante.
—Gracias por el té.
Una vez en mi oficina, comienzo a trabajar. Tengo mucho que hacer y al menos puedo relajarme con ese asunto que ahora Oliver sabe, no confío mucho en él pero no tengo otra alternativa. Quizás si le pido a Luna que hable con él, pero ella me va a juzgar por querer seguir mintiendo. Espero que todo salga bien. Faltan dos meses para la boda de César, así que tengo dos meses de seguridad con Oliver, después de ese día, solo deberé confiar en que no me pida más nada o en que no diga nada.
A la hora de la comida bajo hasta el cafetín, compro solo un emparedado sencillo y una gaseosa, la comeré en mi oficina para no tener que verle la cara a toda este gente que me odia, cuando voy saliendo, viene entrando Oliver con Iker y Tomás, me ignora y sigue. Admito que me molesto un poco que me ignorara, pero se supone que es lo que debe hacer, no somos amigos, nadie debe verme con él.
Al llegar a mi oficina, cierro la puerta con seguro y me dispongo a comer mi emparedado quizás llorando, me siento muy triste y sola, no puedo creer que la gente sea tan mala conmigo, suena mi celular y cuando lo reviso es Oliver.
12:23 M Oliver Martínez: ¡Buenas tardes Miranda! No te salude delante de todos como pediste, pero te quería saludar.
Sonrío delante de mi triste emparedado y decido que no voy a contestarle. Pero me alegra que escribiera. No debí aceptar su aventón en la mañana, la gente dirá que me estoy acostando con él para que vote por mí en el estúpido premio ese que ya no quiero ganar, me pondría en el ojo del huracán de nuevo. ¿Dirán que me acosté con alguien por mi ascenso? Nadie cree que lo obtuve por méritos profesionales, seguro nadie lo cree, ya las lágrimas salen y caen sobre el emparedado, igual estaba simple, así que las lágrimas están bien.
En dos días es la fiesta por el aniversario de la corporación, allí anunciaran al ganador, no debería asistir. Será lo mejor, pienso, después de todo lo mejor es mantener un perfil bajo, ganar el premio de talento joven de la corporación no me ayudará a ser invisible.