Llevo gafas oscuras, como me imagino, todos los que estuvimos en la salida de ayer. Me duele todo y la cabeza parece que me va a estallar, por el trasnocho porque no bebí casi nada. Chequeo mis r************* y he ganado más de 500 seguidores, mis fotos están que arden, subí la foto con Luna y recordé que me había escrito. Chequee su mensaje que vi en el buzón de entrada.
6:27 AM Luna: Querida Miranda, igual para mí, te va a ir bien en la vida, confía más en la gente, suéltate más, eres muy joven y estás desperdiciando juventud. ¿No sientes que estás desperdiciando tus días? Disculpa que no contesté antes, tomé el teléfono de Oliver por error y él se llevó el mío, a esta hora lo tuvimos que intercambiar, debía volver a casa con mi teléfono, cuídate nena.
¿Qué? ¡Maldición! No puede ser, ¿Oliver tuvo el teléfono de Luna en sus manos? Habrá leído lo que le escribí, mira que si debí estar borracha y bien estúpida la noche anterior para escribir eso. Me cubro el rostro y quiero llorar, pero solo hay una manera de averiguar si Oliver leyó este mensaje.
Pero no puedo averiguarlo a través de nadie, me doy cuenta de que no tengo amigos y pienso que Luna tiene razón. Me invento una reunión de último minuto con Oliver para averiguar qué sabe. No quedaré como mentirosa. Marco el número de su oficina.
—Buenos días Oliver.
—Buenos días Miranda ¡Qué sorpresa! —dice divertido.
—Sí, ahora que seré la nueva gerente de investigación de mercado, pues quería hacerte algunas preguntas ¿Puedo ir a tu oficina? —pregunto.
—Claro, siempre serás bienvenida a mi humilde oficina. Ven, te espero —dice.
Pongo los ojos en blanco y me levanto enseguida, voy maquinando mentalmente que puedo inventar para justificar interrogarlo.
Camino despacio y quedo frente a la puerta de su oficina, Oliver es el Director de Operaciones, luce muy joven e inmaduro pero ostenta uno de los cargos de más responsabilidad en la organización. Toco y escucho que me invita a pasar.
—Hola, ¡Qué sorpresa! Tú me dirás cómo puedo ayudarte —pregunta.
—Quería empezar por recolectar la data que debes tener sobre la consolidación de los despachos de los productos.
—¿Quieres saber sobre los más vendidos y eso?
—No, las zonas, sabes, información más de piso, sobre el consumidor, casi que quiero saber que compró quien, factura por factura…
—Ya, nos exiges mucho con la trasformación digital, suerte que sí, estamos montados en ese tren desde hace rato.
—¿Cómo?
—Transformación digital en cadena de suministros, ya sabes, conocer al detalle los consumos de los clientes, manejo de big data.
—Sí, eso, exacto.
—Muy bien Miranda, estoy impresionado. Parece que trabajaremos juntos, me emociona que te interesen esas cosas, porque para eso vivimos, generar y analizar esa información, lo hemos hecho como islas con el área comercial pero…
Él sigue hablando de cosas que no entiendo, suenan interesantes pero no sé cómo interrumpirlo, o en qué momento le puedo preguntar casualmente nada. ¿Cómo me voy a enterar de algo? Tendré que hablarle de frente. Eso haré. Directa como siempre.
—Que bien Oliver. Tendremos que hacer una reunión con más gente para eso —digo —. Por cierto ¿Qué tal la salida de ayer?
—Bien, me alegró verte con nosotros, ojalá se repita.
—Me contó Luna lo del teléfono, ¡Qué infortunio! —digo negando con la cabeza.
—Sí, que confusión, se disculpó mil veces —dice riendo con semblante tranquilo.
—Ya veo, y ¿Todo bien? —insisto.
—Si —se echa a reír divertido y tranquilo, juega con su corbata y me mira sonriéndome con todos sus dientes alineados y blancos.
—Bien, me voy.
Me levanto y voy pensando que le pediré a Luna que averigüe ella por mí. El hombre es una caja fuerte. Cuando coloco la mano en la perilla de la puerta, se dirige a mí.
—¿Tienes con quien ir a la boda de César? Luna no irá, por eso fue la reunión con ella anoche, se la perderá por un viaje, por eso ayer nos reunimos.
—Ya veo —digo sin girarme del todo tratando de ignorar su pregunta.
—¿Con quién vas? —insiste.
—Sola.
—Vamos juntos —propone.
Me giró y lo veo sonreír divertido.
—No creo.
—Lástima, yo que creí que ahora que sabía tu secreto, podía protegerlo mejor.
Me giro enseguida dominada por la furia.
—¡Rata! ¿Cómo te atreves? ¿Me vas a sobornar?
—No, te estoy ofreciendo ayuda.
—No la necesito.
—Soy director, voy a votar en el premio ese, ese premio y recordaré que me llamaste rata.
Comienzo a llorar como estúpida porque él es un maldito miserable. Su expresión de diversión cambia y se pone serio. Salgo de su oficina corriendo. Me encierro en la mía y no me atrevo a salir ni a comer, no supe porque no me le enfrente, tampoco sabía cómo escribirle a Luna.
—¿Se puede? —dice Oliver en la puerta de mi oficina.
Pongo los ojos en blanco y afirmo con un gesto. Entra y cierra la puerta, se sienta frente a mí con expresión seria.
—Lo siento, no debí hablarte así en mi oficina, pero me puso muy mal que te portaras tan soberbia, cuando me necesitas.
—No te necesito —contesto.
Él hace una mueca de burla y se ríe.
—Me necesitas. No diré nada…
—No debiste leer ese mensaje, no era tu teléfono.
—No lo sabía entonces, te lo juro, vi un mensaje de Miranda, pensé ¿Me escribió? Y leí, me di cuenta de que no era para mí, leí todo, perdón.
Me encojo de hombros.
—Dile a todo el mundo, no me importa.
—Si te importa porque fuiste hasta mi oficina a averiguar si había leído ese mensaje.
—¿Quieres que me acueste contigo? No pagaría ese precio. Di lo que quieras.
Me mira muy serio.
—No, no compro sexo, consigo con quien sí quiero. ¿Por quién me tomas?
—Por un hombre.
—Eres una bruja horrible como todo el mundo dice, muy bella por fuera pero estás podrida por dentro.
Lo miro indignada a punto de llorar ¿Cómo se atrevía?
—¡Vete!
Lo veo levantarse y se va. Debía asumir que se lo diría a todo el mundo. Lloraré en mi oficina sola, lloraré en el carro, en la ducha y en la cama hasta quedarme dormida, nunca olvidaré esas palabras que me dijo, que estoy podrida por dentro.