-No, esta bien. -Que descanses muchacho. Espere a que los granjeros se fueran a dormir, para tratar de escapar, pero la puerta del granero estaba cerrada. Me sentía como un prisionero y lo peor era que ni siquiera estaba cerca de encontrar a Rosetta. Suspire resignado y me acosté sobre la paja. No tenia idea de lo que estaba ocurriendo, pero tenia que encontrar alguna forma de salir. Mi única esperanza era rogar a los ancianos que me ayudaran a escapar. Si les explicaba mi situación tal vez me ayudarían. La señora me preparo un desayuno que me hizo recordar al que hacia mi madre. Agradecí a ambos por la comida y empece a comer sin sacar la vista de mi plato. Quería preguntarles acerca del pueblo, pero me daba miedo. -No tienes porque estar tan callado muchacho. -Consideranos tu famil

