El tiempo paso y mi piel se volvía a arrugar, no tardaría mucho en mostrar mi verdadero rostro y cuando eso ocurriera, estaba segura que Enrique me dejaría de amar. Nuestra relación próspero y cada año pasábamos fabulosos recuerdos, él me quiso pedir matrimonio en múltiples ocasiones pero en todas me negué y siempre quería saber la razón pero nunca se la quise dar. Sabía que en algún momento iba a querer tener hijos pero ser madre era algo que no quería ser. Una bruja sin corazón siendo madre era una idea ridícula. Una noche mientras ambos dormíamos, desperté al oír un ruido en la casa. Mire a Enrique y me di cuenta que no lo había escuchado. Salí del cuarto sigilosamente y en medio del pasillo estaba mi hermana, corrí a abrazarla y ella me correspondió. -Me da mucho gusto verte Melina.
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