Capítulo 2: Facultad del cielo.

2078 Palabras
La voz que se encontraba dirigiéndose hacia mí era la de Dios, una voz grave, profunda como sólo ella podría serla, con un tono que dejaría helado a cualquiera cuyos tímpanos se enfrenten a ella, y eso fue lo que me pasó a mi durante los primeros instantes que la escuché: -       Los objetos sagrados no se crearon para ser destruidos, se crearon para ser utilizados por ustedes para encontrar su lugar en el mundo. ¿Por qué lo has dañado? -       Dímelo tú, eres Dios, lo sabes todo, no preguntes cosas que ya sabes. -       Es obvio que lo sé, pero quiero probar la naturaleza de tu alma, Roy. Sé que no quieres contestar porque la verdad de tu motivación te avergüenza. -       Mi motivación no me avergüenza, pasa que aún no estoy seguro de cómo definirla. -       Lo que quieres es poder. -       Pero lo quiero por buenas razones. -       No, lo quieres por ambición. -       Pero ambición de justicia, no de poder. -       Entonces demuéstralo, hijo de Eliseo. -       ¿Cómo puedo demostrarlo, si me regalaste el don de la debilidad? -       Lo hice porque no necesitas más dones de los que tienes para llegar a donde quieres. -       Eso es imposible, lo que quiero es liberar a mi pueblo, y no puedo, en los otros pilares hay gente muy fuerte, tan fuerte que me matarían con una facilidad impresionante, hay tipos con el don de fuerza, de inteligencia, muy superiores a los míos, y tu mejor que nadie lo sabes, lo fácil que me matarían allá afuera, incluso llegando a perfeccionar mi transmutación, incluso llevando la fuerza de Eliseo al límite. -       Me acabas de decir que lo sé todo, y acabo de afirmar que eres capaz de obtener todo el poder que quieres, tal y como estás ahora. Pero si lo que quieres es poder, y si lo quieres con tal afán, debe ser por alguna causa justa. -       Y sí que es justa, lo que quiero es liberar a mi pilar del yugo al que lo han sometido los demás desde que apareció la nueva sociedad. Me parece injusto, porque se supone que somos el pueblo elegido por ti, y mira lo que has permitido, mira a donde hemos llegado, somos sus perros, lo que menos me importa es vivir en precarias condiciones, me molesta ésta vida sin libertad, es inadmisible que mi mayor aspiración sea tener un buen amo. El buen amo no existe, porque cualesquiera de esos hijos de puta me harían morir para protegerse a sí mismo, luego de haberme hecho tragar mierda durante años, no quiero que ese sea el mejor de mis destinos. Dame la libertad a través del poder, y te aseguro que liberaré a nuestro pueblo del flagelo que hoy sufre. -       ¿No crees que sería más fácil alcanzar la libertad a través de la justicia social? Llega a ella a través de la protesta. -       En la protesta simple, la historia nos recordaría como los mártires de una lucha en la cual fuimos las víctimas, los frágiles, y muchos de nosotros morirían a manos de los otros pilares, perseguidos por su necesidad de justicia y su ideología. Por otro lado, prefiero ver a mi pueblo morir de pie, en revolución, y que la historia no nos recuerde como los mártires que partieron en manos de los otros pilares, sino como sus verdugos, quiero alcanzar la justicia, pero también quiero ver su sangre correr, así como la nuestra ha corrido durante décadas. No es sólo llegar a la justicia, Señor, también es la manera en la que llegamos a ella. Además, el camino que propones es mucho más largo, y yo no quiero morir sin ver libre a mi pilar, tu camino es más noble, pero el mío es más efectivo. -       Te entiendo, pero no quiero ayudar a equilibrar esa balanza, nunca me ha gustado intervenir en su mundo, las pocas veces que ha sucedido, ustedes los humanos sólo me han demostrado que mi poder los corrompe, y que ninguno es digno de acceder a un fragmento de mis facultades, por pequeño que sea. -       No intervengas directamente, deja tu poder en mis manos y te demostraré que los hombres somos capaces de obrar correctamente para hacer justicia en éste mundo, haciendo uso de ese poder. Por favor, ayúdame a devolverle su lugar al pueblo elegido por ti, no nos abandones, Señor. -       Te concedo el poder que anhelas, pero sólo si te sometes a una restricción, una que jamás debes romper, de lo contrario, sabrás de lo que soy capaz. Sólo si aceptas, gozarás de mis capacidades. -       Estoy dispuesto, ¿Cuál es tu condición? -       Que sólo puedes usar ese poder con el fin que mencionaste, con el fin de liberar a tu pueblo, y si lo empleas para otros fines, podré intervenir en ti de nuevo, libremente. -       Acepto tu petición, hazla realidad de una vez, ayúdame a liberar a mi pueblo, por favor, quiero ser el prócer de ésta época, por favor bendíceme con la fuerza que necesito para liberarnos. Lo que siento cuando veo a mi madre comiendo poco, no es tristeza, tampoco ira, es terror, me aterra pensar que seguiré viendo esa escena el resto de mi día, hasta que llegue el momento en que me maten, y ella tenga que enterrarme, y seguir con la vida en esas míseras condiciones. -       Lo has dicho más por producirme lástima que por conmoverme, pero entiendo tu sentir, es apenas justo ante lo que vives, y, evidentemente, quiero lo mejor para mi pueblo, pero el mundo es de equilibrio, e intervenir para favorecerlos a ustedes, generaría lo contrario, que ustedes acaben sometiendo a los demás pilares. -       Pero yo no quiero eso, no quiero someterlos como ellos lo han hecho con nosotros, lo único que quiero es devolverles el sufrimiento que nos han producido durante milenios, y recobrar ese equilibrio que mencionas, porque el verdadero equilibrio que deseo, es uno en el que ningún pilar esté por encima de otro, y el camino para llegar a eso, será derramando sangre en igual magnitud, y cuando eso pase, descansaremos, y nos sentaremos en la misma mesa de los demás pilares. Sólo allí nos detendremos, pero te aseguro que tu poder estará en buenas manos. -       Confiaré una vez más en ustedes, pero falla y entonces verás. Dios cortó uno de sus dedos, y me dio a beber de la sangre que emanó de él, mientras en una lengua divina convalidaba el trato que habíamos alcanzado. Mientras bebía su sangre, sentía como el poder se apoderaba de mí, y cómo mi cuerpo ganaba un vigor inimaginable, incluso para un hijo de Eliseo. De las nubes descendieron querubes, que me llevaron de nuevo al plano material, en donde me encontraba, frente al sacerdote enfurecido, con la daga partida en sus manos, llorando por haber perdido el objeto más sagrado que había poseído en su vida. Me fui en busca de una nueva daga sagrada, al otro lado de la ciudad, y mientras caminaba en busca de ella, sentía que no me fatigaba por más rápido que fuese, como si mi cuerpo fuera un generador de energía casi inagotable, por lo cual me empecé a mover mucho más rápido, sin apenas cansarme. Cuando llegué al templo central del distrito, otro sacerdote me hizo la lectura de mi poder con otra daga, y, cuando lo vio, me dijo que nunca antes había visto a esa daga otorgar una lectura de ese calibre, mi nuevo poder era desplazarme en el tiempo, al igual que antes, pero ahora podía hacerlo de manera indefinida. Podía viajar en él con la misma facilidad con la que me desplazaba en el espacio, acababa de adquirir un control automático de ese poder, como si llevase años utilizándolo, sin haberlo empleado una sola vez. Con ese nuevo poder, no quise empezar a hacer nada que llamara demasiado la atención, pensaba que la mejor forma de alcanzar mi objetivo, era la discreta, ir debilitando los otros pilares desde abajo, silenciosamente. Quise continuar mi vida normal, así que volví a casa, y no hablé ni con mi hermano ni con mi madre, para mantenerlos al margen de la revolución que estaba a punto de despertar, el único digno de involucrarse en eso era mi hermano, pero más adelante, cuando demostrara ser capaz de participar en mis planes sin morir. Sabía que Dorgor era fuerte, mucho más que yo sin la bendición de Dios, pero ahora las cosas eran a otro nivel, porque nos íbamos a enfrentar a los tipos más poderosos de los demás pilares, y la revolución no hubiera tenido sentido lograrla, si el precio de ello era ver morir a mi familia, pero era capaz de entender si en algún momento para bien del plan, lo mejor era que ambos muriéramos. Mi hermano también tenía un fuerte sentido social, pero se hacía mejor a la idea de vivir como el perro de alguien de otro pilar, porque no había tenido que ver los mismos horrores que yo, y tampoco se tomaba el detenimiento de cuestionar el sistema, sin embargo, mientras crecíamos siempre me dijo, que el día que pudiéramos hacer algo para cambiarlo, lo hiciéramos. Dándole continuidad al plan que había trazado, permití que tanto Dorgor como yo, acabásemos como guardaespaldas de Richard Dorme, quien nos acabó seleccionando a ambos para protegerlo de los demás mafiosos del segundo pilar. Todo salió según el plan, y empezamos a vivir en su mansión, en donde empecé a entrenar en secreto para aprender a ocultar mi poder, y que todos siguieran creyendo que era débil. Durante ese tiempo, el señor Dorme me proporcionó una vida de mierda, en la cual tanto Dorgor como yo debíamos jugárnosla una y otra vez junto a los demás guardaespaldas, para protegerlo de sus competidores en el negocio. El señor Dorme se dedicaba a traficar una droga que modificaba la estructura muscular de quienes la consumían, de manera que se hicieran decenas de veces más fuertes que una persona común, a cambio de una serie de efectos secundarios que acababan por consumir su vida cada vez que consumían esa sustancia. Mi hermano y yo fuimos obligados muchas veces por él a consumir droga, para ser capaces de enfrentar a los guardaespaldas de los demás traficantes, quienes no eran débiles, y también consumían esa droga, por lo tanto, quien vivía y quien moría, eran cosas que se determinaban por la fuerza básica que tuvieras antes de consumir la droga, y en ese aspecto, Dorgor y yo éramos casi imposibles de derrotar. En las noches llegábamos a la mansión del señor Richard, luego de haberle salvado el pellejo, y las damas de servicio nos ayudaban a curarnos las heridas a todos, pero hubo una vez en la cual, la golpiza que me llevé fue tal, que no bastaba sólo con eso para sanarme. Esa noche, nos enfrentamos a un tipo que también era transmutador, pero sobre su propio cuerpo, de manera que alteraba sus extremidades para hacerlas de otros materiales. Aquel tipo, nos acorraló a mi hermano y a mí en un callejón, listo para asesinarnos, pero entonces tuve que hacer lo que no quería, utilizar mi poder frente a mi hermano, porque era eso o morir en ese mismísimo instante. Liberé el poder interno que me obsequió Dios, y viajé hasta el preciso instante en el cual aquel tipo tenía su guardia baja, mientras dirigía uno de sus golpes hacia mi hermano, y allí entré con un gancho en su abdomen, una de las pocas partes que aún no podía alterar. Mi brazo fue recorrido por la fuerza divina, la cual aún no controlaba muy bien, y me excedí tanto, que acabé con mi brazo entero atravesando su torso, y mi hermano observándome con asombro, mientras me ayudaba a sacarme el c*****r de mi brazo. Fue allí cuando me vi en la necesidad de contarle a Dorgor la verdad de mi poder, y las cosas que había vivido luego de haber roto una daga sagrada, así que al llegar a casa, él me dijo que me curara de las heridas producidas por aquel tipo, y que me esperaba en la habitación para escuchar mi explicación, pero mi curación no iba a ser fácil, mi cuerpo estaba lleno de esquirlas de aquel sujeto, y por ello Richard recurrió al último recurso disponible para esos casos de gravedad: los poderes de Ludovika.
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