Capítulo 3: Apuesta por mí.

2070 Palabras
Ludovika empezó a curarme con sus manos, su padre me había comentado que era capaz de regenerar a los demás, concentrando la energía en la palma de sus manos para regenerar tejido, gracias a sus modificados glóbulos, podía detener sangrados, y curar a cualquiera que todavía respirara, pero jamás hubiese imaginado que fuera un poder realmente tan potente. Con el tacto de sus manos durante unos cuantos segundos, volví a la normalidad, y sentí en sus manos la vida misma, la calidez de la creación, como si fuera un poder que no fuese hecho por los humanos, pero que lo era. Eso se debía sencillamente a la naturaleza gentil de Ludovika, quien me curaba mientras con una sonrisa me decía que todo iba a estar bien, que por favor me tranquilizara, que eso ayudaría a que mis heridas sanaran pronto. En ese instante, estuvimos a solas por primera vez en nuestras vidas, nunca antes la había visto si no era cerca de su padre, o alguno de sus esbirros, pero en esa habitación éramos solo ella y yo, y aproveché para hablar con ella: -       Entonces curas todo lo que tocas, que buen don. Definitivamente, el dinero puede pagar todo en éste pilar. -       No es un poder comprado con los médicos de mi padre, éste poder me acompaña desde mi nacimiento, pero mi padre se encargó de potenciarlo con medicina avanzada, para que lo pudiera salvar de la muerte las veces que él necesite, desde ya. No quiso esperar a que yo lo desarrollara naturalmente, tu sabes, necesitaba contar con éste don lo más pronto posible, prácticamente todos los días intentan asesinarlo. -       Y todos los días me encargo de salvarle el culo, a cambio de un plato de comida fría. Pero bueno, si la otra parte del pago era conocerte a ti, entonces supongo que vale la pena seguirse jugando la vida allá afuera. ¿No crees? -       Seguirse jugando la vida para proteger a un imbécil como mi padre jamás valdrá la pena, no le trates de buscar buenas razones para hacerlo, no las hay. Sé que eres nuevo aquí, por eso no tienes idea de realmente quien es el hijo de puta al que le cuidas la espalda, pero mi padre es uno de los seres más despreciables de éste pilar, de lejos. -       ¿Lo dices porque no te da libertad para que hagas lo que quieras, o porque realmente hace cosas malas? -       Por ambas cosas, pero más la segunda. Cuando te des cuenta de las atrocidades que hace, podrás entender lo despreciable que es ese ser. Si por mi fuera, hace mucho tiempo lo hubiera dejado a su merced, alguien como él no merece vivir, pero siempre me obliga a curarlo, y siempre me promete un poco más de libertades a cambio de sanarlo, pero jamás cumple sus promesas. -       Pero eso no es suficiente como para creer que merece la muerte. -       Es que no es solo eso, Roy. No quiero ser yo quien te cuente las andanzas de ese perro sarnoso, porque me da asco mencionarlas, así que descúbrelas por tus propios ojos, y luego me cuentas lo que piensas de la persona que proteges. Deberías sentir vergüenza de cuidar a alguien así. -       No tengo opción, Ludovika, es cuidarlo o morir por falta de alimentos, y si estuvieses en mi lugar, habrías decidido lo mismo que yo, sobrevivir. Si tuviera otra opción, créeme que la tomaría, pero ésta es la única forma en la que los del cuarto pilar nos podemos ganar la vida. -       Busca la manera de liberarte, Corleos. -       Ya la estoy buscando, pero hay que ser paciente, porque aún no controlo la facultad que se me dio para cambiar el destino de este mundo. -       No sé de qué estás hablando, pero me asustas. -       Asústate en verdad cuando logre controlarme, porque lo primero que haré cuando pueda dominar lo que guardo, será ir por hijos de puta como tu padre, iré a por él, y a por todos aquellos que hacen de éste mundo un lugar peor. -       Hazlo, mátalo. Me da igual si vive o muere, pero me serviría más muerto que vivo. -       Me sorprende que de un corazón tan dulce puedan brotar palabras tan fuertes hacia el ser que te dio la vida. -       Pero yo no elegí nacer, Roy. Y si me lo preguntas, no hay muchas cosas buenas que ver en éste mundo podrido. Me gustaría poder decir que mi padre es lo peor que he visto en éste pilar, pero lastimosamente hay gente por encima de él, mucho peores de lo que podrías imaginar, mucho más poderosos que mi padre, no sólo en fuerza, sino en manipulación de las masas. -       Pues que sepas que a todos esos malditos voy a exterminar, y cuando lo logre, voy a venir por ti, y voy a hacerte tan libre como me sea posible. -       Uy si, vas a matar a todo el mundo, mírame temblar del miedo, Roy. Por favor, ¿no recuerdas que te vi en la prueba de selección? Tu poder es muy limitado, ¿Qué vas a hacer? ¿acaso les vas a adelantar un segundo el tiempo? Por favor, antes de poder activar tu don, hay tipos que ya te habrían matado nueve veces. -       Ludovika, no sabes lo que dices. No te culpo, porque no puedo hablar de esto que guardo con nadie, pero algún día, no volverás a saber nada de Roy Corleos, y cuando vuelvas a saber de él, después de mucho tiempo, será porque haya logrado liberar al cuarto pilar de su condena eterna. -       Entonces esperaré pacientemente a que ese día llegue, pero como sé que es tan improbable, entonces te haré ésta promesa. -       ¿Cuál? -       Mira Roy, el día en el que logres todas esas cosas que dices, ven por mí, libérame, y seré tu mujer por el resto de la vida, te daré todo el amor que desees, y te enseñaré los secretos de mi poder. -       Me estás ofreciendo demasiado, Ludovika, ¿estás segura? Porque en verdad lo voy a lograr. -       No lo digas, demuéstralo. -       Eso haré, prepárate para escapar conmigo. Nuestra conversación fue interrumpida por uno de los esbirros de su padre, quien me echó de la habitación al darse cuenta que ya yo me encontraba totalmente curado. Nos alejamos como siempre, pero ya habíamos creado esa complicidad que nos permitía hablar casi con solo mirarnos, y sabía que ella en verdad quería que lo lograra, su deseo de libertad y de inconformidad con el mundo de mierda que nos tocó, eran igual de grandes que los míos. Al siguiente día, Richard nos pidió a mi hermano y a mí que investigáramos las instalaciones de otro mafioso, quien tenía laboratorios que producían drogas muy similares a las que producía él. Por ende, mi hermano y yo partimos hacia el sitio, que quedaba en lo más profundo de una de las selvas artificiales del pilar dos, esas que habían logrado crear a partir de los restos de lo que se conocía antiguamente como plantas. Dorgor y yo nos infiltramos con relativa facilidad, matando algunas bestias que protegían las instalaciones y los laboratorios de aquel tipo. Se trataba de alguien igual de ruin que Richard, su nombre era Enzo, un tipo aún más poderoso que nuestro amo, y que era temido por sus poderes también, no sólo por su poder en la sociedad. Al llegar al sitio, mi hermano y yo empezamos a vigilar cuidadosamente los camiones que entraban y salían del lugar, cargados con un olor similar al de las drogas que producía Richard, pero en cantidades mucho mayores. Luego de eso, algunos de los soldados de aquel tipo nos descubrieron en medio de la selva, pero Dorgor los mató fácilmente, sin darles tiempo a comunicar nuestra ubicación, y gracias a eso pudimos conservar nuestra posición, que era estratégica, pues nos permitía ver todo lo que necesitábamos ver. Mientras vigilábamos por turnos, ya cayendo la noche, Dorgor se encontraba en su turno, y yo dormía, pero me despertó con su voz temblorosa: -       Ro…Roy…toma los binoculares y mira esto. – me decía mientras sus piernas se doblaban hacia adentro. -       ¿Qué cosa? -       Míralo por ti mismo, son unos reverendos hijos de puta. Tomé los binoculares y apunté hacia la entrada del laboratorio, y vi algo que no he podido olvidar, pero que en verdad quisiera nunca haber visto. Los soldados estaban ingresando al laboratorio, con frascos transparentes medianos, en los cuales llevaban bebés del cuarto pilar, separados en partes, como si fueran productos alimenticios. Mi hermano se quedó mirando, y me preguntó: -       Roy… ¿Qué carajos hacemos? Llama al amo, y dile lo que estamos viendo, vamos a acabar con éstos hijos de puta, ya mismo, sólo necesitamos que él nos de la autorización. Llamé de inmediato a Richard, y le comenté lo que acabábamos de ver, pero me dijo que no podíamos matar a todos los allí presentes, pues Enzo tenía información que él necesitaba para sus proyectos, por lo cual lo necesitaba vivo para hacerlo escupir lo que necesitaba. Resignadamente, continuamos vigilando los laboratorios, viendo cómo no paraban de llegar más y más camiones llenos de bebés, mientras Gordor y yo rechinábamos los dientes, y entrabamos en una decadencia y adquiríamos un trauma que nos marcó de por vida, viendo a nuestra r**a ahora no sólo ser tratada como esclavos, sino como simples productos inertes, como si fuésemos animales cuya carne era útil para los propósitos del segundo pilar. Finalmente, cayó la segunda noche en nuestro campamento espiando las instalaciones de Enzo, y mi hermano ya no me quería pasar los binoculares, no podía dejar de torturarse a sí mismo viendo aquella horrorosa escena, mientras lloraba desconsoladamente, sabía que éramos muy fuertes, pero mentalmente éramos tan frágiles como lo sería cualquier Corleos de nuestra edad. Dorgor no aguantó más, y se puso de pie, me tomó la cara con sus manos, se acercó tanto como pudo a mí, y con los ojos bien abiertos, con un rostro de descontrol total, me dijo: -       Ya no aguanto más, Roy. Me importa una mierda si Richard lo necesita vivo, yo voy a matar a todos y cada uno de esos malnacidos, empezando por Enzo. No me importa que tan poderoso sea, lo necesito desmembrar con mis propias manos. -       Hermano, por favor piensa bien lo que estás a punto de hacer. – le decía mientras sentía la misma necesidad de matar a toda esa gente, pero sabiendo que, si él atacaba, yo también tendría que acompañarlo para que no lo mataran entre todos, y temiendo que Enzo fuera tan fuerte, que me obligara a liberar parte de mi verdadero poder. Dorgor no quiso escucharme, y a toda velocidad empezó a correr hacia el laboratorio principal, en el que estaban entrando la mayor parte de los c*******s. Saltó desde una montaña muy alta, y cayó en medio del laboratorio, rompiendo el techo, mientas yo le seguía, temiendo que hubiese alguien tan fuerte como para matarnos a ambos. Al entrar, nos dimos cuenta que no se encontraba Enzo, pero sí gran parte de sus soldados, a quienes empezamos a matar por montones, mientras mi hermano gritaba el nombre de Enzo con todas sus fuerzas, como retándolo a que viniera y nos matara, si es que era capaz. Luego de matar a la mayoría de los allí presentes, llegaron cuatro tipos, que se quedaron mirándonos como si fuésemos un par de moscas, y nos dijeron: -       ­Así que ustedes son los nuevos transmutadores que compró Richard Dorme para enviar a morir aquí, igual que todos los anteriores. Somos los generales del ejército de Enzo, y estamos aquí para hacer de éste sitio sus tumbas, empiecen a rezar por sus vidas, porque si creen que matar soldados rasos es la gran cosa, ahora entenderán lo que es el verdadero poder de la gente del segundo pilar. -       ¡No tengo razones para temerle a unos hijos de puta que tienen la cobardía de matar criaturas indefensas!, por favor vengan de a uno, como hombres, y denme el gusto de matarlos en orden, y dejar vivo al último, para que vaya y le diga al desgraciado de Enzo que aquí lo estoy esperando, para desmembrarlo como a él tanto le gusta hacer con los de mi r**a.
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