—En cuanto a lo primero que me pides, eso puedo hacerlo con mucho gusto. Te conozco desde que eras un niño y a pesar de que dejamos de vernos durante algunos años, el aprecio que siento por ti, incluso me hubiera obligado a preguntar si podía hacerme cargo de tu caso, pero en cuanto a Michael...— se quedó en silencio mirando su dedos entrelazados y luego negó con la cabeza—no sé qué podría hacer yo para ayudarte en eso. —Sé que lo que le pido parece una muy mala idea si involucra a Michael, pero si usted no me ayuda, no sé en quién más podría confiar para meter a mi hermano al lugar que merece—declare en cierto tono desesperado. —¿Por qué no pides ayuda a una clínica mental?—propuso y en respuesta yo ladee la cabeza. —Ya lo hice, pero Michael encontró la forma de salir y hacer parecer

