Meses más tarde Aspiraba aire lentamente para tratar de calmar el nerviosismo, qué recorría todo mi cuerpo. Era una sensación abrumadora y constante, qué me advertía qué no debía continuar con esta locura, pero ya había llegado tan lejos como para mirar atrás. —¿Cómodo?—cuestiono el doctor Otter mientras me ponía oxígeno con una pequeña manguerilla sobre la nariz, claro no la necesitaba, pero Dana la sensación de que realmente la necesitaba. —Claro, para alguien que va a morir—intente bromear, pero mi tono de voz sonó más bien a una queja, aunque quizás si lo era. Había adelgazado, no solo para hacer de esta mentira más creíble, sino también para que Sarah estuviera atenta a mis cuidados. Ella sabía el peligro qué corría mi vida de no tener el cuidado necesario. Desde la noche de aqu

