CAPITULO IX - PRIMERA CITA (segunda parte)

3947 Palabras
- Hijo de puta – dijo Valentín entre dientes – es Javier – le dijo sin soltarla – te juro que cuando lo tenga a mano lo mato – ella lo abrazó al escucharlo – no voy a dejar que te vuelva a lastimar – le dijo seguro y ella lo sabía, el lugar donde más segura se sentía era en los brazos de Valentín, a pesar de todo, esa sensación de seguridad que le brindaba no desaparecía. - Lo sé – le dijo mirándolo a los ojos – pero no quiero que te pases la vida en la cárcel por su causa – y diciendo esto sacó su teléfono del bolsillo e hizo una llamada – Detective – saludó al hombre – Javier está siguiéndonos – le contó – en el Parque de la Costa – le dijo – en la rueda de la fortuna – el hombre le dijo que inmediatamente iría por él – gracias – dijo y colgó. - No confío en la policía – le dijo él sin soltarla. - Yo confío en él – dijo segura – y no nos queda otra que dejarlo en sus manos. - Preferiría encargarme personalmente – dijo Valentín. - Es hora que te decidas entonces – dijo ella cuando llegaban al suelo y bajaban – si vas a ser el padre que tus hijos necesitan, el hombre que yo necesito o si vas a seguir jugando al vengador poniendo tu vida en peligro o exponiéndote a terminar tras las rejas – y se alejó de él a paso lento, Valentín observó en su dirección y hacia el otro lado y notó a Javier a solo unos metros suyo que lo provocaba sonriendo, él sabía que podía alcanzarlo y cobrárselas todas, pero ella tenía razón, ya no era un adolescente que podía darse el lujo de romper leyes y pasarse una temporada tras las rejas, tenía una familia que lo necesitaba. Observó que los oficiales de la policía se acercaban al hombre, seguramente se les escaparía, pero él tenía cosas más importantes que atender, lo saludó con una burla, haciendo que Javier lo odiara más aun y se dirigió hacia donde Victoria lo esperaba. - Tenés razón – le dijo al llegar, ella sonrió y se sujetó de su brazo. - ¿Hambre? – le preguntó mientras se acercaban a un puesto de comida. - Mucha – dijo él - ¿comida chatarra? - Claro – le respondió con una amplia sonrisa y se dispusieron a comprar todas las frituras y comida poco saludable que tenían a su alcance. - La mayoría de las mujeres jamás aceptaría comer algo así – comentó Valentín divertido viendo a Victoria chuparse los dedos al terminar su hamburguesa. - Pensé que ya tenías en claro que yo no soy como la mayoría de las mujeres – le dijo ella sonriendo. - Lo tengo muy en claro amor – le dijo acercando su silla a la de ella – y esa es una de las cosas que más me gustan de vos. - ¿Y qué otra cosa te gusta de mí? – le preguntó con seriedad mirándolo a los ojos, él suspiró, no se esperaba esa pregunta. - Por dónde empezar – dijo él – lo primero que me llamó la atención fueron tus ojos – le dijo sincero – recuerdo cuando te conocí en el colegio. - El día que te golpeé – ella lo interrumpió, el rió. - No – dijo – yo te conocí el primer día que llegué al colegio, vos ni me notaste pero yo no pude evitarlo – ella se sorprendió – primero te crucé en la cafetería, llevabas prisa y me empujaste sin disculparte siquiera. - Siempre llevaba prisa en el colegio. - Sí – dijo él con una sonrisa – siempre tenías a alguien que defender o que golpear – ambos rieron – un compañero me dijo que vos eras la hermana de los mellizos y de Nico y que tenías otro hermano mayor y que si apreciaba mi vida no te me acercara porque eran todos muy celosos. - Que obediente resultaste – dijo ella con ironía. - Por unos años no me acerqué – dijo él – tenía otras cosas en la cabeza y prefería andar con mujeres mayores y más experimentadas. - Y voluptuosas – dijo ella recordando alguna de sus conquistas. - A los adolescentes les gustan los pechos grandes – dijo él serio – es una cuestión hormonal creo yo – ella blanqueó los ojos – el asunto es que a los días de mi llegada te vi en una pelea en la salida, en medio de la calle, creo que defendías a tu hermano. - A Pablo – dijo ella recordando esa pelea. - Si – respondió – me sorprendiste bastante ya que eras muy pequeña y no tenías miedo de esos chicos que te superaban en cantidad y tamaño, por no decir fuerza. - A esa edad no me fijaba en esas cosas – dijo ella – si alguien se metía con mis hermanos se las veía conmigo. - Me di cuenta – dijo él y la abrazó por los hombros – yo no me metí en la pelea porque tenía que evitar esas situaciones y porque para ser sincero tu hermano no me gustaba mucho en esos momentos – Victoria rió – pero en un momento un idiota te arrojó al piso sin ningún cuidado. - Me golpeé la cabeza en el pavimento – dijo ella recordando el dolor. - Ahí sentí el impulso de intervenir – dijo él – no soportaba que alguien maltratara a una mujer – ella asintió – pero Nico me ganó de mano, jamás imaginé que él peleaba y a los segundos Patricio y Bruno se les unieron, ya no tenía sentido que yo me ensuciara las manos. Ese día cambio mi percepción hacia tus hermanos y hacia Bruno, ya que hasta ese momento los consideraba unos niños consentidos que solamente andaban conquistando mujeres y presumiendo su dinero. - Si eran unos niños consentidos – dijo ella – pero siempre existió entre nosotros el sentimiento de protegernos de todos y de todo sin importar nada. - A partir de allí comencé a observarlos todos los días – le confesó – tus hermanos pasaron a agradarme y comencé a desear tener una familia así, y creo que ahí comenzaste a gustarme, no estoy seguro – ella lo observó con los ojos abiertos – pero no podía dejar de mirarte y averiguar cosas sobre vos. - Eras un acosador – le dijo divertida. - Algo así – dijo él – pero nunca hice nada, tenía la idea de que Bruno era tu novio o algo por el estilo, aunque el siempre salía con cuanta chica se le cruzara en el camino. - Yo estaba enamorada de Bruno en esa época – le confesó y él se molestó un poco, aunque ya lo sabía – pero después me di cuenta que solo era atracción física y que él era un idiota como hombre – aclaró – porque como amigo siempre fue el mejor. - Lo sé – dijo intentando sacarse las ganas de golpear a Bruno cuando lo viera – y él día que te vi con tu nuevo look – dijo él con media sonrisa en el rostro – no podía creer que fueras la misma. - ¿Cuándo fue eso? – preguntó. - Un día en el club – recordó – tus hermanos se pelearon con un ex amigo mío que intentó sobrepasarse con vos. - Ese gigante – dijo ella – no lo vi más después de eso – él sonrió. - Digamos que no le convenía quedarse cerca – dijo y le guiñó un ojo. - ¿Lo amenazaste? – le preguntó sorprendida. - No bebe – le dijo con ternura – le hice ver que era peligroso para su integridad física cruzarse conmigo de nuevo o acercarse a menos de veinte metros de vos. - Que extraño eras – le dijo con el ceño fruncido – ni siquiera me saludabas y andabas espantando a mis pretendientes. - No sabía cómo acercarme – le dijo – vos no eras como las chicas que yo acostumbraba a tratar – ella sonrió – pero el primer día de clases de mi último año vos te acercaste a mí. - Cuando molestabas a Alex – recordó – te golpeé delante de todos y te ensucié con lodo, fue divertido. - La verdad es que no fue nada divertido – dijo él – y si hubieras sido cualquier otra persona te habría hecho la vida un infierno para tuvieras que dejar el colegio, porque no podía golpearte, obviamente – ella asintió. - Pero si me molestabas – dijo ella recordando un par de bromas. - Pero de manera inocente – se defendió – podría haber sido peor y lo sabes. - Si – dijo ella – hiciste llorar a muchos en el colegio. - Pero con vos no pude, ni siquiera cuando me dejaste calvo. - Quedabas lindo así – le dijo con melancolía y acarició suavemente su cabello, Valentín aprovechó la oportunidad y como un perrito se acomodó para que no cesara con el mimo - ¿vos no mandaste a tu novia a cortarme el pelo verdad? - No amor – dijo él cerrando los ojos, disfrutando las caricias que recibía – y ella no era mi novia, simplemente lo pasábamos bien juntos, además a mí me encantaba tu cabello largo. - A mí también – dijo ella – pensaba que el cabello largo era lo que me diferenciaba de los chicos, como nunca fui muy femenina ni tuve muchas curvas y eso. - Que tontita – le dijo abrazándola – siempre fuiste hermosa y tu particular estilo te hacia resaltar en medio de todas las chicas huecas y superficiales. - Yo estaba segura que vos habías dado la orden de que me atacaran ese día, si podía te mataba. - Si me acuerdo que intentabas estrangularme con tus manitos – se burló – igual me preocupé mucho cuando vi lo que te había pasado y el estado en el que estabas. - Fue una gran crisis – dijo divertida – no estaba acostumbrada a que alguien me dañara sin tener posibilidades de defenderme. - Consentida – se burló – pero ese día no sé cómo explicar lo que sentí al verte llorar tan desconsolada, quería protegerte de todos y no permitir que alguien volviera a dañarte de nuevo, fue muy extraño, nunca me había pasado. - ¿O sea que vos comenzaste a gustar de mi desde antes que yo te notara siquiera? - Y también me enamoré de vos primero – dijo sintiéndose un ganador. - Eso no significa nada – le dijo poniéndose de pie – porque desde que yo me di cuenta que estaba enamorada de vos me dediqué a hacer todo lo posible porque estuviéramos juntos y por hacerte feliz – el suspiró mientras la seguía – vos no podes decir lo mismo. - Golpe bajo – le dijo sujetándola de los hombros para que se detuviera y lo mirara – pero si me hiciste sufrir bastante. - No más de lo que sufrí yo por vos – se miraban a los ojos desafiándose. - Casi me muero cuando te secuestraron – le dijo serio – me estaba volviendo loco pensando lo peor. - Y yo cuando te dispararon frente a mis ojos – le dijo ella – y cada día de los dos meses que estuviste en coma fueron una tortura para mí. - Eso no fue mi culpa – dijo él. - Lo del secuestro tampoco fue mía – le respondió – pero igual sufrí por vos y ni hablemos de los años que te duró la amnesia, no tenés idea lo horrible que era saber que ni siquiera me recordabas – Valentín no supo que decir – te gané. - No es una competencia – dijo él acortando la distancia que los separaba – y tuve más que suficiente cuando te encontré encima de ese tipo el día que volví – ella blanqueó los ojos. - Vos te acostabas con una modelo distinta cada día – le dijo – así que ni siquiera estamos a mano. - Yo no me acordaba y vos si – le dijo él – así que si lo analizamos vos me fuiste infiel primero – ella abrió la boca sorprendida por la acusación y el la estrechó en sus brazos sin dejar de sonreír – te amo tanto chiquita – le dijo sin soltarla – y daría lo que fuera por volver el tiempo atrás y borrar todos mis errores – ella lo calló colocando un dedo sobre sus labios. - No se pueden borrar los errores, solo podemos arrepentirnos, enmendarlos y aprender de ellos para no volver a cometerlos. - Siempre creí que yo era el más inteligente de los dos – ella rió. - Vos no eres el más inteligente en ningún lugar – le dijo divertida, él se hizo el ofendido. - Supongo que el razonamiento no es lo mío – le dijo sincero - ¿querés un helado? - Si – dijo ella – o podemos ir a tomar algo más de adultos también. - Lo que quieras – y se dirigieron al coche. - Vamos al pub que tiene Bruno en el centro – le dijo – algunas noches tocan bandas o hacen karaoke – iniciaron el trayecto hacia el lugar - no me dijiste que más te gusta de mí – le dijo mientras el conducía. - Me gusta todo de vos – le dijo sin quitar la vista del camino, ella bufó, esa no era una respuesta – tus ojos me hipnotizan, tus labios son un delirio y ni hablemos de tu cuerpo, me vuelve loco del deseo de solo mirarlo – ella se quedó muda, él aun no la miraba – me encanta el gesto que haces con tus labios cuando estas nerviosa, o como me mirabas llena de lujuria y deseo cada vez que podías – ella se sonrojó – cuando te enojas y me insultas eres tan linda, a pesar de que decís cada palabrota de vez en cuando – Valentín la observó sonriendo – amo verte dormir, pareces un angelito – Victoria sentía sus ojos humedecerse – el olor de tu piel me fascina, creo que soy adicto y ni hablemos de tus gemidos cada vez que te hacia el amor – sonrió al ver que ella se sonrojaba – creo que naciste para estar conmigo – siguió, ya que estaba de confesiones iba a aprovechar para sacarlo todo – porque eres perfecta para mí en todas las formas posibles. - Tampoco para que exageres – dijo ella tímidamente. - No exagero – dijo serio aparcando el coche – hablo con conocimiento, es sabido que durante mi vida he estado con muchas mujeres – ella asintió de mala gana – y con ninguna he sentido ni una mínima parte de lo que siento con vos - ella lo miraba incrédula, el sujetó su mano y la llevó hasta su pecho para que escuchara el latir de su corazón – y está así solo porque te tengo sentada al lado mío – le dijo acariciando su rostro – por vos me siento vivo mi amor, eres el motivo por el que me levanto cada mañana con ganas de seguir adelante y de ser mejor cada día. - No pensé que sentías eso – le dijo sin mirarlo, estaba demasiado abrumada. - Porque jamás te lo dije o te lo demostré – le dijo sujetando su mentón para que lo mirara – y ese fue mi error, dar por sentado que vos sabias lo que yo sentía – Golpeó el volante con su puño – fui tan idiota – dijo frustrado revolviéndose el cabello con rabia – un maldito imbécil – Victoria le acarició el rostro con suavidad. - Ya no ganamos nada con eso – le dijo suavemente, logrando que se tranquilizara – pero si eres un idiota – le sonrió haciéndolo sonreír también – vamos – se bajaron del auto. - Ahora te toca decirme que te gusta a vos de mí – le dijo él. - Tu cuerpo ¿Qué más? – le dijo con obviedad y se adelantó dejándolo parado por la sorpresa. - ¿Nada más? – preguntó algo triste. - No sé – dijo ella con picardía mientras se ubicaban en una mesa - ¿tenés alguna otra virtud aparte de tus abdominales talladas a mano? - Pensé que tenía muchas otras para tus ojos – dijo muy decaído, una mesera llegó a tomar su orden y luego de devorar a Valentín con la mirada se retiró, a Victoria no le gustó el descaro de la mujer pero al observar a su esposo notó que él ni siquiera la había mirado, estaba con la cabeza gacha y la mirada perdida en una servilleta, ella suspiró, a lo mejor había sido un poco dura con sus palabras. - Tus ojos también me gustan mucho – dijo indiferente, el no cambió su actitud. - Los ojos forman parte de mi cuerpo – dijo desganado. - Tu mirada entonces – se corrigió – estaba convencida de que tus ojos expresaban siempre lo que sentías, creía que con mirarlos podía saber si estabas triste, enojado, feliz, si me mentías – sonrió con amargura – por eso confiaba ciegamente en vos – él la observó a los ojos y ella comprobó que lo que decía no era tan erróneo, porque su mirada reflejaba mucho pesar en esos momentos – supongo que con el tiempo aprendiste a mentir con ellos también, porque no me di cuenta de tu engaño hasta que esa mujer apareció en mi casa. - Yo no te mentí – le dijo seguro, ella bufó – no lo hice – sostuvo su postura – si te oculté la verdad, pero no te mentí. - Es lo mismo – dijo ella. - No lo es – se defendió – en el momento que todo salió a la luz yo no lo negué ni traté de convencerte de que era mentira, nunca podría hacer algo así. - Porque había un vídeo que lo demostraba – dijo ella sintiendo que se estaba enfadando cada vez más, la mesera llegó con su trago y se lo bebió de golpe ordenando otro más. - Con o sin vídeo – le dijo él – jamás podría mirarte a los ojos y mentirte, no es posible. - Antes lo creía así – dijo ella – pero ahora no puedo. - Voy a hacer que confíes en mi de nuevo – le dijo sujetando su mano – y no voy a traicionar tu confianza jamás. - Lo más gracioso de todo – dijo irónicamente – es que vos me hacías una escena de celos cada vez que un hombre se me acercaba o si quiera me miraba. - Vos también me hacías escenas a mí – dijo él con un hilo de voz. - Yo ponía en su lugar a las zorras que se te tiraban encima descaradamente – dijo molesta – pero no podes decir que te hice problemas a vos por ello, no iba a culparte por estar buenísimo – él sonrió un poco por el comentario – pero vos me reprochabas siempre a mí, que si la falda era muy corta, o la blusa muy ajustada o suelta o escotada – el asentía recordando. - No soportó que alguien más que no sea yo te desee – le dijo con un poco de arrepentimiento – tendría que haberme bastado con saber que vos solo tenías ojos para mí. - Exactamente – dijo ella cruzándose de brazos, en eso la mesera llegó y sin disimular demasiado dejó una tarjeta con su número cerca de la mano de Valentín – serás zorra – dijo Victoria fuerte, la mujer la observó algo avergonzada – desaparece arrastrada – le ordenó de mala manera y ella se fue, casi corriendo. - Que bueno ver que algunas cosas no cambian – dijo él. - No lo hice por vos – dijo segura bebiendo su trago – suficiente tengo con ser la cornuda más famosa de la ciudad, no voy a soportar que me falten el respeto de esa manera, ella no sabe que nosotros estamos separados y que a mí me importa poco o nada lo que vos hagas en tu cama – dijo casi sin respirar. - ¿No te importa con quien me acueste? – dijo algo desilusionado, ella lo observó a los ojos fríamente. - No – dijo sin dudar – lo que vos y tu amiguito hagan me tiene sin cuidado, solo quiero cuidar un poco mi reputación. - Aunque no te importe te aviso que no tengo pensado hacer nada con ninguna mujer que no seas vos – ella blanqueó los ojos – así que prepárate porque todas las ganas que estoy acumulando me las vas a tener que sacar vos – ella rió y se puso de pie - ¿A dónde vas? - Al escenario – le dijo con picardía – quiero cantar en el karaoke – se quitó la chaqueta mostrando la sexy blusa de seda semitransparente que llevaba debajo, Valentín tragó en seco, el lugar estaba lleno de hombres pero a ella no le importaba y caminando de forma sensual se acercó a quien anunciaba a los "cantantes". El hombre la anunció y ella subió muy emocionada, los tragos la habían animado un poco y el rostro desencajado de Valentín más aún. Los aplausos y silbidos de la platea masculina no se hicieron esperar y aumentaron a medida que ella entonaba una sugerente canción y bailaba al ritmo de la música. Le dijeron de todo en los minutos que estuvo arriba, y Valentín escuchó cada uno de los halagos que su mujer recibía, contando hasta un millón para no destrozar el lugar y arrancarles los ojos a todos. Al terminar le pidieron otra y ella aceptó encantada, porque desde donde estaba veía como las venas del cuello de su esposo estaban por explotar de la impotencia, "que sufra", pensó y siguió con su show, cada vez más atrevida y sensual, pero sin rozar lo grotesco – me siento una estrella – le dijo cuando volvió a sentarse dejando sobre la mesa todas las tarjetas con números telefónicos que había recolectado – al parecer todavía soy atractiva para algunos hombres – comentó como si nada, él no dijo nada, la observaba serio. - Eres atractiva para cualquier hombre – dijo entre dientes – y lo sabes – ella sonrió. - Me había olvidado lo bien que se siente ser deseada – dijo con falsa inocencia. - ¿Ya tuviste suficiente o vas a dar otro espectáculo? - No lo sé – dijo pensándolo – se sintió bien ahí arriba – Valentín golpeó la mesa no tan fuerte como quería, ella rió complacida – ya es tarde – dijo poniéndose de pie – vamos a casa – y le estiró la mano, él no lo dudó y la sujetó de manera posesiva para salir de ahí. - ¿Vas a hacerme sufrir verdad? – le preguntó luego de unos minutos de viaje en silencio, ella simplemente le sonrió – genial – dijo con sarcasmo y siguieron sin decir nada. Victoria recibió un mensaje de su hija mayor diciéndole que no regresaran aun porque estaba reunida con sus amigos en una especie de fiesta y ella pensó como podría distraer unas horas mas a su esposo sin comprometer su "castigo".
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